Para los ni argentinos ni filólogos ni aficionados como usted con mano en el hombro de Montoya, Hector Yánover era además de un poeta, un librero de cuando los libreros eran otra cosa y guardaban, bajo llave de tinta indeleble, vínculo estrecho con todos los lectores y escritores que tenían el azar o la fortuna de tratar con los libros que él vendía. Hasta el punto de que a alguno de los que escribían, no a todos porque su tiempo -el de Yánover- era escaso, les grabó un disco, no, no a todos pero sí a los más insignes, pero sí a Borges y a Cortázar, a Cortázar y a Borges.
El Zar dedica su disco a relatos, a qué si no el maestro, a qué si no, si no tenía otra cosa. Pero ni falta, ni falta. Se arranca con una introducción que deja bien a las claras que el carisma de su pluma guarda mucho de la tradición de la boca. Luego se suelta y refrenda con Torito, como si fuese él mismo, como si Justo Suárez el Torito de Mataderos en su cama, improvisando y digiriendo sus recuerdos, abandonado y enfermo ya de tuberculosis. Es relativamente largo, che, pero esa demostración de lunfardo lo merece, el play y el replay tres veces.
Palabras preliminares:
Torito:
A Borges, millones de veces más poeta y ya ciego, le da por un camino más de verso, con alguna que otra prosa lírica. Hay que perdonar la frialdad de los cortes en la grabación a los que obliga el dictado, para así poder apreciar la candidez de la voz siempre generosa del maestro de la literatura y la ironía. De las veintiséis porciones que suman la grabación escojo estas cuatro porque me parecen más de Borges, aunque quizás sean más del otro:
Límites:
Milonga de dos hermanos:
Milonga de Jacinto Chiclana:
Borges y yo:
Borges y Cortázar, según ellos mismos
viernes, 19 de diciembre de 2008
Escrito por Chema 6 garabatos (se balanceaban...)
Diez cosas mías que consiguen volverme loco
sábado, 13 de diciembre de 2008
1. Me gusto porque empiezo a leer los poemas desde los últimos versos, como un buscador de tesoros. Entonces los voy escalando, comprobando que el terreno lo merezca. Porque valoro mi esfuerzo. Y a la mitad me doy cuenta de que aquello era un poema. Vuelvo entonces la vista a sus orígenes, leyéndolo con mueca grave, disimulando, como si no lo conociese de antes, como si no supiese su secreto.
2. Me gusto porque llevo una libretita cutre de polipiel en el bolsillo, a la que llamo mi agenda con la clásica escusa del yo-no-soy-de-aparatos. Y que en realidad utilizo como trampa, para capturar los absurdos varios que me salen de vez en cuando. Me gusta la cara de imbécil que se me pone cuando estoy ahí, anotando, estupideces como esta:
Nota para novela: Un tío recibe nota debajo puerta. Contiene dirección. Se la ha pasado su yo del futuro. Puede ver sus distintos yos pasados y futuros.
En realidad está muerto.
Empieza: En ocasiones la vida te pasa notas por debajo de la puerta. Terminaría: En otras ocasiones la muerte, pero en relación con otra frase.
Mierda, se parece demasiado al sexto sentido.
3. Me gusto porque cuando estoy solo le hablo al aire. Que no es como el que habla solo, aunque se parece bastante. Pero es más como un ensayo. Imagino situaciones. Invento diálogos absurdos. He hablado diez veces más con cada uno de vosotros de lo que hablasteis vosotros conmigo. Y aún así no os lo reprocho.
4. Me gusto porque tengo siempre que esforzarme para bajarme o subirme hasta el nivel de las cosas. En realidad siempre voy unos centímetros por arriba. Unos metros por abajo.
Y aunque nadie más lo aprecie, yo me valoro ese sacrificio de devorador de depresiones, de disfraz del propio ingenio. Y es cierto que a veces fallo. Pero siempre sabré perdonarme. Aunque otros no lo hagan. Porque me gusto así, con todos mis inevitables.
5. Me gusto porque soy una de esas personas de mirada, y divido a los demás únicamente en dos grupos. Los ojos que puedo mirar infinitamente y los que apenas sostengo. Y la incomodidad de tener que hablar oteando el infinito supera cualquier tipo de cualidad positiva. Y al contrario, he sido amigo de ladrones, amante de prostitutas.
6. Me gusto porque siempre ando distraído de las horas del resto de los mortales. Para mí de noche puede ser de día, y suele serlo de hecho. Nunca pude acostumbrar a ningún horario mi sueño. He desayunado con Wiskie. Y ningún alarmista lo habría tildado de alcoholismo.
7. Me gusto porque soy el más guapo y el más feo de todos los tíos que en mi vida he conocido. Con un peine y un espejo, jugando con orientaciones y ángulos, con luces y perspectivas, con muecas y con peinados, soy un ángel. O su demonio complementario. Y siempre que me levanto no miro mi cara en el espejo, contemplo mi estado de ánimo.
8. Me gusto porque soy cínico como la propia mentira, más que cualquier otro hombre, pues aprendí de mujeres. Y sin embargo, muy de vez en cuando, se me filtran como descargas de algo, que resulta que aún me late. De niño fui un gran romántico, un Victor Hugo sin barba. Y a veces me río con ganas, y otras de veras te juro que lloro. Aún no aprendí el arte más elevado de la hipocresía purista, el de contener una lágrima.
9. Me gusto porque yo sí sé a qué coño huelen las nubes, y porque conozco de memoria el sabor a despedida, y sé distinguir con el tacto el valor de la osadía, y he visto la cara a todas las pasiones que he tenido, y las recuerdo con frecuencia y con bastante cariño, así como el sonido de sus besos en la boca de mi estómago.
10. Me gusto porque todos mis momentos, más de cerca o más de lejos, orbitan en torno a un cuerpo femenino. Me gusta que ya lo tengo asumido, que soy como un complemento, un trozo de cuero masculino contenedor de recuerdos y perfumes de mujer. Colgado de un brazo invisible. Un simple bolso de Carolina Herrera, o alguna otra. Pero un bolso, he de decirlo, que me gusta de cojones.
Escrito por Chema ¡Deja el primer garabato!
Etiquetas: Ensayos
El ejercicio más enriquecedor de vuestras vidas
lunes, 17 de noviembre de 2008
Este post está dedicado exclusivamente a lectores varones de entre 17 a 24 años. Os voy a proponer el ejercicio más enriquecedor de vuestras putas vidas. Cojed un espejo y contempladlo detenidamente, sin prisas. Deleitaros en la conceptualización de su naturaleza de dos caras. Porque si es un espejo normal, tendrá dos caras. En caso contrario, dejad el utensilio que hayáis cogido donde estaba y pedidle a vuestra mamá o a vuestro compañero de piso un espejo. Ellos sabrán a lo que os estáis refiriendo.
Ahora, sujetad el espejo con las dos manos, asidlo con fuerza para que no se caiga y elevadlo lentamente hasta que esté dispuesto a la misma altura que vuestra cabeza. A continuación alejadlo más o menos cuarenta centímetros (cuarenta veces vuestra propia polla). Y miradlo. Si veis negro no os asustéis, y sobre todo no soltéis el espejo, es muy probable que se rompa y luego alguien os diga que vais a tener mala suerte. Significa simplemente que la cara que estáis observando no es la adecuada. Dadle la vuelta, muy despacio. Si seguís viendo negro, encended la luz de la habitación. Bien, ahora sí, veréis una cara.
Esa es vuestra cara.
Memorizadla. Acostumbraos a ella. Aprended a recordar cada rasgo de los que la componen. Mirad alternativamente el espejo y el vacío hasta que seáis capaces de ver en ambos lugares la misma cara. Os costará algunos minutos. Pero podéis hacerlo.
La próxima vez que veáis una mujer y os aceche la tentación de giraros hacia mí para entonar algún tipo de frase que contenga la palabra "chunga" paraos. Respirad hondo. Contad hasta diez. Y mientras estáis contando, con mucho cuidado, recordad el rostro que había en el espejo. Esa es vuestra puta cara. Y os daré 5 euros cada vez que sea más bonita que la de ella. Gilipollas.
Escrito por Chema 2 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Ensayos
Las relaciones sentimentales del promedio de mujeres españolas promedio
lunes, 15 de septiembre de 2008
ACLARACIÓN IMPORTANTE: Este es un texto de carácter evidentemente machista, escrito así intencionalmente, como ironía, obra de ficción y crítica a determinados estudios sobre el comportamiento del ser humano que circulan por ahí y NO como un reflejo de los pensamientos de su autor, yo, que tienden a ser infinitamente más románticos y sensibles que los aquí abajo expuestos.
Entendiendo promedio de mujeres españolas promedio a la suma de todas las mujeres españolas promedio, puestas una encima de otra [...] y divididas entre el número exacto de mujeres españolas promedio.
Y entendiendo mujer española promedio como un sujeto de género femenino y padres españoles, que haya pasado la mayor parte de su vida en territorio español con posterioridad a la transición [...], con una cultura promedio (lectura acumulada de más un libro o dos si son de autoayuda), un cuerpo promedio (en el que se distingan al muy primer golpe de vista los atributos que tradicionalmente denotan la presencia de una mujer, A.K.A curvas deseables), una cara promedio (con dos ojos, una nariz y una boca, a pleno rendimiento) y una inteligencia promedio (capacidad para superar el bachillerato sin muchos apuros, aunque sin destacar especialmente).
La mujer española promedio pasa por cuatro tipos de relaciones serias en su vida, que no incluyen cualquier tipo de relación alternativa y circunstancial que pueda tener como consecuencia del libre albedrío del que está dotada:
-El primer novio: Las mujeres españolas promedio y la mayoría del resto pasan su adolescencia y parte de juventud dispuestas en corrillos en los que se debaten asuntos de importancia vital para ellas, tales como las combinaciones adecuadas de colores de ropa o la puntuación de los culos de las estrellas masculinas del corazón. Para ascender en la jerarquía de estos corrillos es muy útil la existencia de un novio de características óptimas, que además permitirá conversaciones sobre la pérdida de la virginidad en las que no serán tachadas de zorras por sus congéneres.
Es aquí donde entra el primer novio, experimento que normalmente sirve como portador del primer polvo, los primeros cuernos, las primeras peleas y demás analogías extraídas directamente de las series de moda para adolescentes.
En ocasiones este primer novio coincide con el chico de su vida, en cuyo caso se casarán y formarán un matrimonio estable, en el que él se irá de putas con frecuencia.
Los primeros ex-novios recordarán a su primera ex-novia toda la vida, y maldecirán el día en que su relación terminó, porque la mujer española promedio tiene la desagradable costumbre de evolucionar físicamente en torno al momento de la ruptura, si la ocasiona ella, o un período no muy prolongado de tiempo después, si la causa él.
En todo caso, determinadas características del primer novio quedarán trascenderán a la personalidad de las siguientes relaciones sentimentales de la mujer española promedio. Pero como estas varían en un amplio espectro, quedan fuera de todo promedio y no serán consideradas para el presente estudio.
-El novio cachas: A partir de un punto comprendido entre los 17 y 20 años, las mujeres promedio, que ya habían comprobado el valor de su cuerpo en la etapa sentimental anterior, descubren su utilidad. Este descubrimiento suele llevarse a cabo en las bocas abiertas de los hombres y en los falos erectos de los mismos. Además de en estúpidas declaraciones de amor por parte de semidesconocidos y en la aparición de legiones de pagafantas buscando diva a la que servir.
Esto las lleva a identificarse plenamente con una estrella de cine o de la música pop, y a buscar en su pareja el equivalente masculino. Es decir, un tío de rostro afeminado y cuerpo moldeado en gimnasio, con el torso preferiblemente depilado o lampiño y vestimenta a la moda.
Como consecuencia de una o más relaciones de este tipo, la mujer española promedio finalmente descubre que la utilización de una parte considerable de cerebro y de tiempo para el estímulo del tamaño de los biceps y demás musculatura suele ser causa o indicativo de subnormalidad, acompañada de un complejo de inferioridad latente. Este llamado "agotamiento por sobredosis de memez" hace madurar definitivamente a la mujer en un plano intelectual.
-El chico de su vida: Este tipo de relaciones sentimentales es única en la vida del promedio de mujeres españolas promedio. En caso de haber dos chicos de su vida ya no se considerará incluida en ningún promedio de mujeres, aunque sea de hecho una mujer española promedio.
Puede coincidir con cualquiera de los otros tres tipos de relaciones sentimentales salvo con el anterior, pues de ser así se tratará de una mujer de pocas luces, que por fortuna no coinciden en absoluto con el promedio de mujeres españolas promedio.
La relación con el chico de su vida suele tener unos comienzos titubeantes. Ella no está segura de que él le guste y él, por primera y última vez en la vida de ella, la valora en su justa medida o incluso más. Así que el contacto físico acostumbra a estar precedido por un período variable de platonismo que corre el riesgo de derivar en amistad si el chico es de naturaleza tímida, A.K.A. poco ágil.
La relación tiende a alargarse mucho más de lo que ella pensaba en un principio, y mucho menos de lo que él imaginaba. Suele oscilar entre 18 meses y tres años. A partir del cuarto año de relación el futuro matrimonio es casi seguro.
Ella, de todas formas, sólo será consciente de que ese chico era el chico de su vida cuando la relación esté terminando si la ruptura la ocasiona él, o al cabo de los 3 meses de relación con el siguiente chico si la ruptura la causa ella. En el segundo de los casos existe la posibilidad de que ella trate de volver con él. Si completa el procedimiento con éxito, este chico se convertirá en su marido.
Este tipo de parejas suele ser objeto de la exclamación por parte de grupos de púberes "joder, como puede ir semejante cachonda con tal imbécil", al no comprender que el promedio de mujeres españolas promedio tiene una considerable belleza, inalcanzable para cualquier promedio de hombres. El maquillaje tiene parte de culpa.
-Su marido: Es el tipo con el que el promedio de mujeres españolas promedio decide casarse, ya que en este país los matrimonios concertados hace mucho tiempo que pasaron de moda. Suele ser la siguiente relación seria al chico de su vida. Esto no responde a ninguna consideración de carácter psicológico, sino al hecho de que el promedio de mujeres españolas promedio prefiere casarse antes de los 30 años de edad. El promedio de mujeres españolas promedio tratará de optimizar el sujeto elegido en función de sus emolumentos y estabilidad laboral.
De este modo se genera un colectivo conocido como promedio de matrimonios españoles promedio. Acostumbran a estar hipotecados, tener algunos hijos o hijas a no elección y a dejar de practicar el sexo con frecuencia como resultado.
En numerosas ocasiones, y gracias a los mecanismos que el Estado Español dispone bajo el nombre de procedimientos de divorcio, se podrán realizar ajustes en la población de matrimonios promedio españoles, bajo diferentes causas, también conocidas como escusas.
ACLARACIÓN IMPORTANTE: Este texto de carácter evidentemente machista, escrito así intencionalmente, como ironía, obra de ficción y crítica a determinados estudios sobre el comportamiento del ser humano que circulan por ahí y NO como un reflejo de los pensamientos de su autor, puede tender a aproximarse sorprendentemente al promedio real de relaciones sentimentales del promedio de mujeres españolas promedio.
Corolario: En caso de ser usted un lector varón, le recomiendo dedique su vida al estímulo de su cuerpo antes de los 26 o 28 años y de su bolsillo a partir de dicha edad, aún en detrimento de su inteligencia y cultura, pues de lo contrario es probable no se coma usted una rosca a largo plazo con el promedio de mujeres españolas promedio, que por otro lado constituye un concepto abstracto que no guarda relación alguna con la riqueza en mujeres que pululan por el vasto territorio español.
Escrito por Chema 8 garabatos (se balanceaban...)
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De cine, de amor y de vida
martes, 26 de agosto de 2008
El cine tiene mucho de amor. Al principio abruma y supera. Después es una conquista, mortal hacia delante. Luego una exploración en círculos concéntricos. Y cuando caen los trucos, la magia no desaparece. Es lo grande del amor, del cine, del arte.
Ese regresar constante, ese olor a hogar inexplicable de algunos cuerpos, también está presente en algunas películas. Todos tenemos las nuestras. Recordamos involuntarios sus diálogos, adivinamos el siguiente plano y sin embargo ahí estamos, de nuevo, acudiendo a ellas como amantes arrepentidos.
Aún así, entre todas existe una relación constante. Novelas, poemas... son libertad absoluta, productos en esencia egoístas. En cambio el cine se debe a una audiencia. Está obligado a entretener, a ser aceptado.
Por eso todas las películas son: nudo, desarrollo y desenlace. Tres tiempos heredados del teatro. Inquebrantables. Una fórmula única que bebe mucho de la estructura de la vida. Porque vivimos en los demás. Como dijo Pasternak: el alma va por fuera.
Porque también nosotros debemos, tras una exploración introductoria, plantear un conflicto dramático que nos permita existir. De conflicto en conflicto. Y desenlaces sucesivos hasta el definitivo.
El cine enseña mucho de todo esto. Haced un experimento. La próxima vez que veáis una película, fijaos en el contador temporal. Supongamos una duración media: dos horas.
A la mitad de la primera, prestad atención. Oscilando en torno al minuto número treinta, a veces un poco antes, en ocasiones algo después, se plantea un conflicto. Invariablemente. El protagonista conoce a una chica, surge un obstáculo que ha de superar... Relajaos.
Al transcurrir la primera hora, volved a prestar atención. Veréis como siempre se produce más o menos sobre el minuto sesenta un giro argumental. Lo que era ya no es, lo que parecía se desvanece, nuevos datos aparecen de golpe, algo ocurre y ese algo definirá el final. Seguid observando.
Así llegaréis al minuto noventa, en el que se levanta la trama. Los últimos treinta minutos son un mundo aparte. El desenlace de la película.
Y siempre es así.
Exposición, nudo, desenlace. Exposición, nudo, desenlace. Exposición, nudo, desenlace. Media hora, una hora, media hora, aproximadamente.
De modo que ante las circunstancias de la vida, recordad mirar el reloj. Porque tras el conflicto llega el giro medio, y desde el giro medio se construye el desenlace. Y el tiempo corre. No lloréis cuando las cosas se acaben. Aún os quedan innumerables. Innumerables introducciones, nudos y desenlaces. Hasta que dejéis de rodar. Así es el cine. Así es el amor. Y así es la vida. No hay más. Una estructura vestida de giros argumentales. Pero cuando se descubren los trucos no termina la magia. Simplemente, habéis entendido la película.
Escrito por Chema Sólo un garabato ¡Deja otro!
Este es mi Universo
sábado, 16 de agosto de 2008
Me dije a mi mismo: “El amor es como la gravedad, dos cuerpos se atraen por proximidad y en ocasiones giran en órbita sin llegar a besarse”
Aquella noche soñé que viajaba en uno de esos descapotables americanos. Y mientras conducía, relajado miraba el firmamento de negro con unos pocos lunares blancos. De repente el cielo cambiaba y las estrellas se multiplicaban hasta iluminarlo por completo. Podía ver las piscinas de colores sobre las que nadaban y las serpientes azules, verdes, rojas y amarillas que trazaban las orillas de su movimientos. Más grande que todas ellas, nebulosas dubitativas se expandían y contraían hilando formas de animales, y las majestuosas galaxias giraban, a lo lejos, espejo de la inmensidad de todo aquello. Tuve la sensación de comprenderlo todo, pero era una comprensión sorda. Un sentimiento de calma absoluta. Un escalofrío de verdad sincera. Y entonces me dí cuenta de que estaba solo.
Me desperté y estuve toda la mañana cavilando por un camino sin forma ni término claro. Finalmente descubrí que llevaba varios minutos pensando en lo que no se ve, en eso que los científicos han dado en llamar materia oscura, el cemento que mantiene unidas las galaxias y hace que cada estrella de cada una de ellas se desplace en armonía constante. A la misma velocidad, debido a una gravedad sobre algo intangible. Algo tan antiguo como el mismísimo Universo, tan grande que abriga el firmamento y tan pequeño que nos atraviesa constantemente sin que podamos percibirlo, ni siquiera con las más avanzadas técnicas de la ciencia.
Y pensé... el amor es como la gravedad, el amor es como la gravedad, el amor es como la gravedad... y el destino es como esa materia que no vemos. Como esas gotas de realidad inexplicable que nos refugian, que nos controlan sin que podamos percibirlo. Algo tan humano y tan indiferente a la humanidad. Que nos hace ser lo que somos sin quererlo, estar donde estamos sin pretenderlo.
Porque estoy aquí, ligado, orbitando en torno a diferentes cuerpos, por una fuerza que no comprendo porque no puedo sentir. No es mera atracción, algo me ha dicho qué es lo que soy, y nada puedo.
Cerré los ojos, y entonces pude sentirlo. Lo que había visto en el sueño. No mirando hacia arriba, sobre el parabrisas de aquel coche viejo, sino en la carretera. En esa vía que anteriormente parecía vacía, pero que se iluminó bajo el brillo de millones de cuerpos celestes, por primera vez manifestando su terrorífica belleza. Por primera vez iluminando un camino...
Somos las postillas sobre las heridas por las que el mundo quiere sangrar. Somos el cerrojo que lacra la puerta de su locura. Estamos conteniendo la inmensidad de todo un mar y sólo filtramos, de vez en cuando, una gota de genio. Somos los tendones que unen el riesgo con el azar, puntos de equilibrio sobre los que se balancean todos los delirios, y aunque periferia la sabia ciencia nos ha dado en llamar, si dormitando podemos aunar tanta realidad: quién es el necio con tanto talento como para descartar que este universo sea la fuga inventada a nuestra soledad, plegada sobre si misma en un marasmo de colores, formas y sentimientos absurdos...
Escrito por Chema 5 garabatos (se balanceaban...)
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Y sobre todo una sonrisa
viernes, 11 de julio de 2008
Un poema ha de ser un esfuerzo por reducir a palabras lo que siendo imposible expresar en trazos negros acostumbra tomar forma de sonrisa, lágrima o mueca de dolor. Nunca ha de verse su composición como un lujo ni como una labor, más bien como una necesidad imperiosa e inaplazable, que duele demasiado si la dejas de lado como para siquiera plantearse un receso. Las preocupaciones sobre la calidad o validez de sus versos serán simples accesorios. La poesía es nihilista, es en sí misma. Todo su valor está contenido en su cuerpo y cualquier otra perspectiva es mera especulación ajena a su significado, que coincide exactamente con los límites de su significante. Es inútil criticarla. Porque la poesía es una una mueca de dolor, una lágrima y sobre todo una sonrisa. Y el tiempo y la distancia se llevan sus raíces hacia unas entrañas que mueren en el misterio dejando su fruto ajeno en la eternidad de un cielo incomprensible.
Escrito por Chema 3 garabatos (se balanceaban...)
Invulnerable
miércoles, 9 de julio de 2008
Es posible que a lo largo de toda esta historia de batallas, muertes, sacrificios y lágrimas nos haya quedado la sensación de que el destino del hombre se encuentra en algún lugar en lo alto de una montaña o en el fondo de una sima. Pero es mucho más simple. Dentro de mil años seguiremos por aquí, con la misma sonrisa sincera al mirarnos en los ojos de otro, con idéntico estremecimiento tras el beso añorado en los labios. Con las mismas heridas curadas por el baile infinito de los que nos rodean. No importa el resto. Porque pase lo que pase...
... nuestro espíritu es invulnerable.
Animo a cualquiera que pase por aquí a dejar en su bitácora un comentario similar.
Gracias lilith
Escrito por Chema 3 garabatos (se balanceaban...)
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Contraste artístico
martes, 1 de julio de 2008
Escribir es igual a parir. Una metáfora casi perfecta. Tantas veces recurrida. Nunca pierde validez. La escritura surge también de un instinto. Fuerte e inevitable como el maternal. Y aunque todo comienza con un chispazo de placer, no tarda en llegar el suplicio.
La incertidumbre de si irá todo bien. Mirar otros escritos y querer que el tuyo se parezca. Pero como una extensión de ti y de lo que eres. Diferente, pero tan bueno como ellos.
La pérdida de libertad. Incluso la pérdida de identidad. La criatura bebe de tu sangre con tanto ahínco que se va llevando tus días hasta que finalmente nace.
El alumbramiento. Una explosión de dolor difícilmente soportable. No sé ni sabré lo que duele parir un hijo. Pero el camino desde las entrañas donde se ha ido gestando hacia el exterior de la criatura escrita es bastante angustioso. El conducto es angosto. Y el hijo de puta muchas veces tarda demasiado en salir. No hay empujas que valgan. Nadie sujeta tu mano. Es el precio de parecer dioses.
Y finalmente sujetas unos simples despojos. Porque está muerto, o al menos muerto para ti. Eso es lo que realmente equipara todo esto al dolor de un parto. El de saber que has terminado cuando contemplas un cadáver. Es el asesinato lo que lo iguala a la vida. Contraste artístico.
Su vida dura desde que comienza el nacimiento hasta que finaliza. Después sólo queda arrojar todo. No hay deber de cuidado. Pero tampoco hay posibilidad de llevarlo a cabo. Tienes que deshacerte de tus propias palabras, olvidarlas, relegarlas al conocimiento de otros que les den esa vida que tu ya no puedes darles. Y volverán a verte e incluso te perseguirán. Y aunque las visitas de los hijos perdidos son agradables, la fuga es necesaria para no ser un enterrador más.
Para que la próxima vez que concibas nazca algo nuevo. Algo con identidad propia. No hay segundas partes ni homenajes en este arte. Ni en ningún otro. Sólo primeras. Sólo prototipos muertos.
No creo que existan los escritores felices. Pero tampoco creo que exista ninguno que no lo sea. Contraste artístico, también.
Escrito por Chema ¡Deja el primer garabato!
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Has tomado alguna decisión real en tu vida?
lunes, 9 de junio de 2008
A veces nos preocupamos por como serán las cosas o como han sido. Surgen en este punto tres palabras: azar, causalidad y destino. Se dice que el azar es la causalidad que no vemos y el destino el fruto de esa causalidad invisible. Es decir, si algo ocurre, es porque hay una serie de acontecimientos que lo hacen ocurrir, y desde que esos acontecimientos están definidos, ese algo va a ocurrir. A su vez, cada acontecimiento es fruto de otros aconteceres. Y así sucesivamente. Lo veamos o no lo veamos. Infinitas cadenas invisibles e infinitas que llevan de un eslabón a otro.
Pero en el fondo todo lo anterior es una cuestión intrascendente. Lo que nos importa es nuestro papel en la cadena. Podemos elegir? Hay caminos que tomar? Somos los autores de nuestras decisiones? En resumen, existe lo que comúnmente se llama libre albedrío?
O quizás las cadenas se nos meten por los ojos, por la nariz y por la boca hasta llegar a nuestro cerebro, para volver a salir de nuevo? Hay algún punto dentro de nosotros que marque un inicio y un final? En el fondo quizás esta pregunta sea similar a cuestionar nuestra propia existencia como seres.
Y aquí no vale un simple pienso luego existo y me voy a la cama. Que mañana hay que madrugar. Porque pensar quizás no sea más que sentir el correr de la cadena por nuestro cerebro. Sentir quizás no sea más que la cadena a través de nuestros nervios. Lo importante es saber si en algún punto somos dueños. Si hemos tomado alguna decisión real en nuestras vidas. O si reaccionamos automáticamente a lo que percibimos según un número infinito de eslabones que definen nuestra conducta.
Yo no tengo la respuesta. Mi mente se pierde en este tema. Pero hay algo de lo que siempre estuve seguro. Sólo hay una palabra que define un inicio. La creación. Por eso intento escribir algo todos los días. O inventar algo nuevo. Creatividad. Porque sólo cuando siento que algo nuevo nace de mi mismo, puedo estar seguro de que soy el inicio de algo. De que existo. Para mi esa es la expresión del arte. Algo nuevo. Algo que no es consecuencia de nada. O que siéndolo alarga tanto las cadenas que el infinito no basta para definirlas.
Lo sé, es una solución endeble. Pero es la única que se me ocurre.
Escrito por Chema Sólo un garabato ¡Deja otro!
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