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La revelación de Beckett

sábado, 13 de diciembre de 2008

En 1945, Beckett regresó a Dublín por un breve período de tiempo. Durante su estancia, le sobrevino una "revelación" a través de la cual comprendió cuál debía ser la dirección literaria a tomar. Experiencia que sería más tarde literaturizada en la obra de teatro Krapp's Last Tape (La última cinta).

En dicha obra, el protagonista Krapp está escuchando una grabación realizada por el mismo tiempo atrás. En un momento dado oye su propia voz diciendo: «...veía claro, en fin, que la oscuridad que yo siempre había luchado encarnizadamente por ocultar era, en realidad, mi mayor...». Sin embargo, Krapp hace avanzar rápidamente la cinta antes de que el espectador escuche la frase completa.

Beckett confesaría más tarde a su biógrafo James Knowlson que la palabra perdida en la grabación es "aliado". Y que esta revelación estaba en gran parte inspirada por su relación con James Joyce (su mentor). Afirmó haber encarado la posibilidad de verse para siempre a la sombra de Joyce, con la seguridad de no poder vencerle nunca en su propio terreno.

Beckett decía haber comprendido que Joyce había llegado tan lejos como pudo en la dirección de un mayor conocimiento y del control de ese ingente material, "siempre estaba añadiendo cosas: no hay más que fijarse en las pruebas constantes que da de ello. Yo comprendí que mi camino, al contrario, era el empobrecimiento, la renuncia y emancipación del conocimiento; era restar más que sumar."»

Así Beckett rechazó el principio joyceano de que saber más era un método de entendimiento creativo y de control del mundo. De ahí en adelante su trabajó avanzó por la senda de lo elemental, del fracaso, el exilio y la pérdida; del hombre ignorante y desprendido. Según Radomir Konstantinovic, uno de sus amigos íntimos, el olvido era para Beckett lo que la memoria para Proust.

Fuente: Wikipedia

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Unos tuvieron su Underwood, otros su Olympia, pero yo...


(Click para ampiar)

¿Y tú? ¿Desde dónde escribes? Fíjate que lo del instrumento es una cosa importante. Que se lo digan a Jorge Lanata: "Un día me llega una carta, y estaba escrita en Lexicon 80, cuando vi la carta pensé: Huy, no puede ser, pero si ésta es mi letra. Vos fijate qué nivel de locura. Bueno, vos me preguntás qué hago: yo escribo, la Lexicon 80 es mi letra".

Y la Debian mi estilográfica, Jorge.

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Sigue leyendo (y no te líes)

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Después de meses de I+D, tres de nuestros expertos gravemente heridos, y media docena de servidores de blogger inutilizados, por fin ha llegado. Capítulo 93 se enorgullece en incorporar a sus características técnicas secretas el célebre javascript SIGUE LEYENDO.

Y diréis: "Menuda mierda de post".

Y os responderé: "Pues sí, pero no quiero que nadie se líe".

A partir de ahora las entradas largas sólo estarán representadas por una introducción y un enlace azul como este. Cuando pulséis sobre él:

Automáticamente aparecerá el resto de la entrada, sin cambiar de página ni nada de eso. ¡A que es la tecnología bloggera más vanguardista del mundo!

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La generación del ordenata

El boom de la informática de consumo me agarró rondando yo la tierna edad de ocho años, con mis padres cavilando la adquisición de la Larousse Ilustrada, eje central de toda cultura doméstica que aspirase a aparecer en algún mapa. Adalides de lo moderno los dos, se dejaron trescientas cincuenta mil pelas de las de mucho antes en un ordenador IBM. En cómodos plazos y sin intereses.

Según el señor del Corte Inglés eran de los mismitos que usaban los de la NASA, amigos suyos. Perfecto para dar un empujoncito en la dirección correcta a un niño que no se sabía si era imbécil o superdotado.

El bendito cacharro era un Pentium 150 con 16 Mb de memoria compartida y 2 Gb de disco duro. Mi padre desconfiaba, pero se cercioró en repetidas ocasiones del punto que hacía valer aquella suma de dinero: ¿Pero trae la Encarta, no?

Sí, la traía, y lo reconozco. Después del que la escribió apuesto a que soy el ser humano que más se ha recreado en su lectura. El ochenta por ciento de mis conocimientos de cultura general terminan con un copiright de Microsoft -Gracias, Billy Gates-. Así que de alguna manera mis padres acertaron. Y sin embargo ese Pentium iba a marcar mi vida de una forma mucho más profunda, si cabe. Condenándome a ser un vestigio desfasado de otra época.



El furor de los genéricos, esos puzzles que ensamblaban silicio y felicidad, se desató como una epidemia. En el recreo los nenes ya no hablábamos de fútbol. Discutíamos la conveniencia de asumir el salto de precio entre un Pentium MMX y un Pentium 2, sobre si era mejor decantarse por una tarjeta aceleradora de gráficos 3D ATI Phoenix o por una Banshee Voodoo 2, o lo bien que se escuchaban las tarjetas de sonido Sound Blaster combinadas con un subwoofer.

¿Consecuencia? En unos pocos meses todo el puto vecindario tenía ordenadores diez veces mejores que el mío y tres veces más baratos.

Y en este escenario de prestaciones sin límite a precios al alcance de la plebe apareció el Dios de la generación de muchos de vosotros. Aquellos que continuabais en clase coloquios que habían surgido en un tal messenger. Los que pasabais la tarde disparándoos con armas de destrucción masiva en mundos virtuales llamados Quake, Counter Strike, Unreal Tournament. Y resumíais vuestra vida en una foto sobre un fondo negro o rosa fucsia. Vosotros, la generación de internet.

Y yo me quedé fuera con mi viejo pentium de sólo dos dimensiones, desconectado en el prehistórico frío de una generación que no era la mía y a la que sin embargo pertenezco. La generación del ordenata.

(Si no conocéis la historia de Guybrush, no sois de la generación del ordenata)

Porque a mis padres eso de internet les sonaba demasiado a verbena y corrupción de menores. Y mi historial como escamoteador de revistas porno no hablaba a favor de mi candidatura a la conectividad -comparto con la generación de internet una escandalosamente precoz iniciación al onanismo-.

Por lo tanto no caí en las redes de la gran red hasta la mayoría de edad, cuando ya era demasiado tarde para mí, siempre un tanto desubicado virtualmente -algún día contaré la historia del Chema que entra en el baño de un bar y escucha al otro lado de la puerta, de boca de unos completos desconocidos, una fabulosa leyenda que incluye su nombre, el de una mujer y la palabra tuenti reiteradas veces-.

Pero no os envidio, querida iGeneration. Yo nunca vacié de libros mi mesilla de noche. Las tardes de invierno de mi infancia se llevaron el sabor de las historias de Gabriel Knight, cazador de sombras y Guybrush Threepwood, aspirante a pirata. Conozco el valor de un buen disco porque nunca he acumulado canciones que ni siquiera me sonaban. Soy capaz de transformar un paisaje silvestre en un Gernika, y cualquier otro Picasso en una foto de mi hermano haciendo la primera comunión. Puedo averiguar vuestras contraseñas y secretos con sólo acariciar ese aparato con teclas que apenas tuvisteis tiempo de aprender a utilizar. He pasado horas codificando, masterizando y ecualizando audio; días montando y filtrando pistas de vídeo. Y sé que cuando alguien dice lo jodidamente malo y peligroso que es windows, no está exagerando, y por eso nunca lo utilizo, porque sé cómo funciona.

(Mi escritorio mientras escribo estas líneas)

Pero aunque nunca me vayáis a encontrar online en el messenger de los cojones, porque os tengo a todos bloqueados, ni tenga perfil alguno en los myspaces, facebooks, fotologs y demás tuentis, que tanta fama me han dado en el pasado, internet es un sitio confortable para los carcas como yo. La última generación capacitada para sobrevivir en el mundo real, a base de una cultura y una creatividad que vosotros habéis perdido.

Sólo tenéis que comprobar la edad de los que crean los contenidos que vosotros consumís, pobre generación gris de la dependencia mutua. ¿Soy el único que tiene la sensación de que últimamente las ideas nuevas escasean?

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Mi yo publicitario

lunes, 17 de noviembre de 2008

La única y miserable vía de escape para mi creatividad el tiempo que estuve sin escribir fue hacerme fotos a mi mismo (sí, exacto, levantando la cámara con la mano izquierda mientras miraba al infinito con cara de tener algún tipo de síndrome indefinible) y transformarlas en intentos de anuncio de revista.

Lo sé, lo sé... son bastante lamentables, sugieren algún tipo de carencia afectiva... y sin embargo me encantan. Debo ser uno de esos desvergonzados practicantes de la egolatría, pero así habló Zaratustra: "Ámate a ti mismo, así te amarán también los demás":








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El retorno

viernes, 7 de noviembre de 2008

Me gustaría que esta entrada no fuese necesaria. De hecho, he pasado un buen rato cavilando si lo sería. Tiempo malgastado. Porque nada más agarrar el teclado la dureza de las teclas y la gandulería de las palabras me lo han dejado bien a las claras. Un mes es mucho tiempo, colega. Ya no contábamos contigo. Sí, como saludar a un grupo de viejos amigos. Y notar al instante que han estado hablando de ti. Y no demasiado bien.

En el segundo párrafo llegan los porqués. Y sus no lo sés dándoles réplica. A mi qué me contáis, la vida es así, ya sabéis. Uno no elige su destino. Y muchos etcéteras. Pero seamos francos, siempre se pueden alegar garzones (chiste fácil, lo siento). Quiero decir, que siempre es posible tratar de explicarse. Y si no sabes por dónde empezar, el principio tiene toda la pinta de ser una buena elección.

Un buen día dejé de fumar. Digo un buen día a priori, porque a posteriori ha sido bastante jodido. Pero por convención social diré que fue positivo. Pese a engordar cinco kilos en una semana. Consecuencias... algo tan natural como sentarse, encender un cigarrillo y pensar sin estar pensando, dejando que piense solo, que las cosas aparezcan en la cabeza... desapareció. Así es como se pierde un hábito. A fuerza de arrancarte otro.

Aparte de eso, las cosas no me han ido muy bien últimamente. Es como cuando crees que estás viviendo una historia, y un giro argumental desvela que estabas viviendo otra. Como el final del sexto sentido. Sí, nos entendemos. Y cuando las cosas empiezan a venir mal, parece que se ponen de acuerdo. Quizás por primera vez necesitaba realmente alguien que me salvase. En fin, demasiadas cosas en la cabeza, y demasiado reales.

Y hay formas y formas de reaccionar. Aunque quizás todo se reduzca a las cinco fases del duelo. Ya sabéis: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Aunque yo no negocio demasiado, es increíble lo ajustada a la realidad que en ocasiones está la psicología. Ahora estoy saliendo de la fase depresiva. Así que es buen momento para escribir de nuevo. O tanto como otro cualquiera.

Como en todo regreso al hogar hay que traerse algún regalo, el mío será llevar este blog por un derrotero más personal y cercano. Por el momento, he hecho algún que otro cambio estético: mejora de las fuentes utilizadas, uso linux y no lo había notado pero eran casi ilegibles en windows; comentarios incrustados en la propia página, antes incompatibles con mi plantilla y el nuevo gadget followers, que he renombrado como lectores, el intento de google por consolidar blogger como una red social. Además, la canción de la semana será realmente una diferente cada semana, que desde que la hice aparecer no la he cambiado nunca. Y finalmente, y dada la práctica defunción del blog de los gaiteiros, he pensado en recuperar la línea de las mitificadas por todos cronotajas y chematajas (hay que reconocer que fue un formato de indudable impacto social, ambos autores recibimos amenazas, las mías de muerte), en una nueva sección cuyo nombre aún no he pensado. ¿Alguna idea?

En fin, sólo me resta agradeceros todas las visitas y todos los comentarios que habéis dejado estas tres semanas, estoy deseando devolvéroslos reiteradamente. Nada más. Capítulo 93, pasemos de página.

P.D.: Estudiantes de Salamanca, prometo ponerme con Silvio mañana mismo :)

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No del todo ficción: Hablar de mujeres

viernes, 11 de julio de 2008

Los tópicos son simplificaciones de la realidad para definirla más rápido. No sirven para hablar de lo concreto. Pero a mayor tamaño de las muestras tienden por lo general a cumplirse.

Uno de esos tópicos dice que los hombres hablamos mucho de mujeres y sexo. Y es más o menos cierto. Aunque en mi experiencia personal lo matizaría. Es más bien una especie de despliegue de plumas de pavo real en la que cuando se sale del terreno delimitado por la fantasía (entiéndase el de las fantasías sexuales) la propia fantasía es muy reacia a desaparecer.

Compréndase que me considero una de las honrosas excepciones a la regla. Nunca he necesitado de ese tipo de artimañas para sentirme superior a mis congéneres. Lo que tampoco ha de entenderse como algo del todo positivo. Más bien es una consecuencia de mi seguridad, egocentrismo y prepotencia absoluta. También diré que sólo considero realmente dignos dignos de mi aprecio real aquellos que tampoco recurren a ellas. Porque son demasiado obvias y nos llevan a otro tópico tan asentado como cierto. Los hombres no sabemos mentir. A lo que añadiría que todo ser humano que no sepa mentir no merece la pena. Conclusión: la mayoría de los hombres somos simple escoria.

Una vez aclarado esto, tengo que reconocer que este tipo de conversaciones son jodidamente divertidas. En ellas uno de los sujetos relata explicitamente sus encuentros con el sexo opuesto como un acto heróico. Mientras los otros le vitorean con frases del tipo: ¡Joder, tío, así se hace! ¡Eres un puto crack! ¡Jajajajaja, es que somos machos, coño! Etc. Las pobres mujeres son ajenas a este circo (aunque seguramente tengan el suyo propio).Si desarrollasen un sexto sentido para escuchar estas conversaciones enseguida podrían distinguir a los indivíduos memos de los que no lo son. Y quizás la tasa de natalidad descendería alarmantemente.

Existen varios tipos. Vamos a verlos detalladamente:

1.Las tías con las que me he liado últimamente: Todo buen macho sin hembra fija ha de tener algún tipo de contacto con una mujer al menos una vez por semana, aunque se prefieren dos o tres. Así que, especialmente los lunes, los hombres nos reunimos para detallarlos. Solemos hacerlo diversas veces en distintos grupos, porque necesitamos varias raciones de ¡Eres un crack!

Aunque hay que reconocer que muchos de estos encuentros son verídicos, lo que los debería de dejar fuera de la lista, no lo son sus adornos, especialmente tendentes a dejar claro que: ¡Casi me la follo, macho! Y otros muchos son completamente inventados, sobre todo cuando tratan de "una morenaza" o "una rubia que... en fin". Especialista en esta materia es Teto, el tipo más paleto que conozco.

Otra historia reseñable es la de un sujeto (no voy a decir su nombre porque no le odio, pero es moreno, muy alto y amigo de un tipo también muy alto y rubio cuyo apellido tiene relación con algo que se le hace a las plantas) que nada más estar (lo pongo en este número uno por no tener constancia de la cualidad o la vericidad de su "estancia", pero en todo caso es curioso) con una chica a la que ahora tengo mucha estima escribió un mensaje a todos sus amigos y conocidos (ignoro si también a familiares) para contárselo. Recibió respuestas del tipo: ¡Joder, macho, eres un crack!

2.Lo que pudo ser pero no fue porque... Comparte muchos elementos en común con el anterior, y suele ser su continuación obligada. Aquí ya la fantasía toma por completo el discurso. Una mirada se convierte en una conversación picante, un "hola qué tal" en un "la estaba volviendo loca" y una charla de cinco minutos en un "podría habérmela follado, pero entonces llegó no sé quién y lo estropeó todo". Aunque todo mucho más bonito, emocionante y apocalíptico. Sólo hago un pequeño esbozo.

3.Las tías que me he follado: Bueno, este es el clásico. Se trata simplemente de detallar una lista cuanto más extensa mejor de todas las mujeres con las que el sujeto ha compartido lecho. Suele utilizarse con gente a la que no se conoce íntimamente, y a veces la lista se improvisa para que contenga a chicas conocidas por la otra parte, porque obviamente con desconocidas no tiene gracia. Cuando uno de los números de la lista llama especialmente la atención, se recurre a explicar todos los supuestos detalles, que abarcan desde el lugar hasta las diferentes posturas empleadas, pasando por cómo iba ella vestida (normalmente con algo muy apretado que da a entender que era "una guarra") o el color de su ropa interior. Ayer, por ejemplo, salió el caso de Bruno, un conocido camello de por aquí.

Fué más o menos así:

-Pues esa, esa, y esas dos, y esa otra se las folló Bruno.
(Aquí iría la explicación de las circunstancias, que voy a obviar).
-¿De verdad te lo creíste? Joder, Bruno es la persona más cuentista que conozco.
(Instante de duda. Sonrisa).
-No, pero me hizo gracia, por eso te lo digo.

Esta es la prueba de que este tipo de discursos funcionan. Porque los hombres, otro tópico muy verídico, somos muy crédulos. Más que los perros.

4.La historia sexual de mi vida: Podría considerarse una variante del anterior, pero su naturaleza es bien dispar. Se utiliza con gente con la que sí se va a intimar y toma voz de algo serio y profundo. En algunas ocasiones la historia es muy verídica y quedan fuera de este post, porque es perfectamente loable asincerarse sexualmente con un futuro amigo. Aún así se tiende a exagerar y adornar para que la historia tenga gancho. Y en muchas ocasiones toma tintes épicos que dejarían al Señor de los Anillos como un coñazo sin emoción.

5.Lo que me han hecho: La conversación la comianza uno del grupo y la sigue el resto. Un modelo posible sería el siguiente:

-Yo una vez iba en un tren con mi novia (suele ser la novia o un amigo desconocido, para que no haya lugar a testigos) y una tía me estaba mirando. Se levantó y fue al baño. Fui detrás. Y me hizo una mamada ahí mismo, mientras un pesao aporreaba la puerta...

-Buah, tío, increíble! Menudo crack! Eres el amo!

-Pues eso no es nada. A mi una vez, en una fiesta, una tía de unos treinta tacos me dijo algo al oído que no entendí, la seguí y me la follé bestialmente en el coche. En el coche de su novio. ¡Y el muy imbécil ni se enteró!

-¡Joder! ¡Qué jefe! Jajajaja, eres un crack!

-Joder, callad, que yo...

Y así hasta el infinito. Obviamente cada intervención es mucho más larga y detallada, pero no quiero pasarme horas escribiendo. Cuando la conversación se alarga mucho, lo que suele ser habitual, se recurre, para no perder verosimilitud a la vez que se continúa con la paja colectiva, a un amigo desconocido al que...

Una variante bastante común es la del polvo/mamada de mi vida. Es más corta, porque la mayoría de nosotros decimos que hemos vivido una sola vez. Pero se regresa varias veces sobre los hechos, como digiriéndolos y saboreándolos entre todos los integrantes.

El resto de conversaciones sexuales de los hombres, como decía al principio, giran en torno a fantasías con mujeres del entorno cercano. No... no son inocentes conversaciones sobre gustos: que si sadomaso, que si con una monja... para nada. En ellas uno de los integrantes mira con cara de trastornado a la víctima si está presente y al infinito en caso contrario y relata con pelos y señales lo que "le hacía yo a esa". Cuanto más salvajes, extrañas y desmesuradas sean las prácticas mayores aplausos recibirá por parte del resto. Y esta es común a todo hombre, no hay color. Hasta ese chico con cara de ángel esconde un demonio que os armaría, si por él y sus amigos fuese, un cristo ahí abajo.

Todo este rollo interminable que me he marcado aquí vino porque recordé algo que me dijo una chica una vez y me dejó conmocionado. Era algo así como: "Cuando hablo de sexo con chicas muchas dicen que no disfrutan con sus parejas" (seguido de un pero en cambio tu... mierda, me estoy incluyendo en uno de los puntos de la lista). Mujeres, estáis de suerte. La reputación de vuestra pericia sexual está a salvo. Nosotros siempre, y digo siempre, disfrutamos más que los demás.

(Gerard el Divertido, si por un casual azaroso te da por visitar el blog, que no creo, te queda tajantemente prohibido comentar esta entrada. Aquí YO soy el divertido. Haz un comentario bonito sobre un poema, que me hará mucha más ilusión.)

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No del todo ficción: La amistad

martes, 8 de julio de 2008


(De izquierda a derecha: Pacuxo, Pablo Ramos, Yo, El inigualable Capitán 100 Pipers y Gerard)

Los seres humanos somos animales sociales: verdad universalmente conocida. Su manifestación más evidente da título a esta entrada. Sí, la amistad. Vocablo perteneciente a ese conjunto de conceptos tan amplios como vacíos. Al de los sentimientos que tratan de implicar a más de un individuo. Que aspiran a definir vínculos. Pero somos tan diferentes como iguales. Y las palabras no sirven para tantas variables.

También el amor. Aunque eso es otra historia. De todas formas, suele aplicarse con mayor precaución. Porque los cánones dictan que es algo que une a una persona con otra y con nadie más. La amistad es un poco más barata. Aunque viene siendo la misma moneda.

Y al igual que muchos son los que declaran amor sin tener ni puta idea de lo que significa. Con mayor frecuencia aún se proclama la amistad como algo peregrino. Lo he visto. Lo habéis visto. Coño, lo hay por todas partes. Amigo, tío, cuánto tiempo sin verte. Joder, qué amigos somos. Eres mi mejor amigo. Permitidme que me ría de vosotros.

La amistad es muda, nada sabe de palabras. La amistad es gratuita, no exige nada a cambio. No es un puto contrato. Y no os engañéis, algunos nunca habéis tenido un puto amigo en vuestra vida. No lo tenéis.

La gente que habla mucho de los amigos lo hace también asiduamente de la traición. Era mi amigo pero me traicionó. Pedazo de idiota. Los supuestos amigos a los que dices eso te la han clavado más de una vez, sólo que aún no te has dado cuenta. Y tú eres tan culpable como ellos. Los llamas amigos porque te hacen sentir seguro, perteneciente a un colectivo. Porque te ayudan a tapar tus carencias, tus defectos, tu pasado.

Tío, simplemente simplifica. Porque llegará un momento en que realmente los necesites y estarás jodidamente solo. Y pensarás que no tienes amigos. Error. Se dice por ahí que los verdaderos amigos se descubren en los hospitales, las cárceles y los cementerios. Yo creo que son aquellos a los que sigues queriendo después.

Así que deja de exigir presunta amistad a cambio de supuesta amistad. No te mereces nada. A no ser que te olvides de todo y te atrevas a arriesgar. Porque los sentimientos son unilaterales, esto es así. Se quiere por lo que se es, no por lo que se da. Amor de perro, a mi no me sirve.

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No del todo ficción: Declaración de intenciones

miércoles, 2 de julio de 2008

La Coruña, ciudad de chulos y putas. No, es broma, sólo de chulos. Aunque también hay putas. Pero no lo son todas. Al menos ese rumor corre por ahí.

En todo caso yo soy un chulo. Un hijo de puta (lógica pura) sin más fijación que autodestruirme poco a poco. Y como no me gusta la soledad, he decidido llevarme a algunos conmigo. De una forma u otra. Como dijo el poeta, quizás no sea necesario, pero será inevitable.

Lo cierto es que disfrutaré haciéndolo. Al fin y al cabo, para eso estamos, para ayudarnos a fracasar. Somos la primera generación que vivirá por debajo del nivel de nuestros padres, todo el mundo lo sabe. Y el nivel de mis padres es jodidamente deprimente. Para qué intentarlo. Mejor cargar la pistola y disparar ahora que aún estoy a tiempo de ser yo quien apriete el gatillo.

Así que aquí iré contando mis experiencias. Empecé el blog con la intención de obligarme a escribir. Y parece que escribir finalmente ha de obligarme a vivir. El encanto es necesario. Las apariencias sobran. ¿Qué tengo que perder? Hace tiempo que dejé de creer en los cuentos de hadas. En los finales felices. Si tengo mala suerte malograré los años que me quedan, que ya parecen destinados al fracaso. Si la fortuna en cambio decide echarme un polvo de vez en cuando, al menos reuniré algunas anécdotas que iré garabateando por aquí y por allá. Hay que ver el lado positivo de las cosas. Si haces el pino en realidad ha salido cara.

Esto no será un diario. No lo escribiré todos los días, así que posibilidad desechada. Será simple narrativa azarosa con nombres trastocados, exageraciones inaceptables, mentiras disimuladas y verdades evidentes. Como todo lo que pretende estar basado en hechos reales. Pero no lo olvidéis nunca. En el fondo cuando escribo soy otro. Y esto es sólo ficción. Aunque nunca es ficción del todo.

Ah, y no es poesía. Así que queridos lectores y lectoras, si no os gusta, id a disfrutar del sexo por ahí. Y no os cortéis, sé que a algunos os va más el anal.

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