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Tres estrenos por las que merece la pena mantenerse con vida

lunes, 15 de diciembre de 2008

Si como el veinte por ciento de la población estás pensando en suicidarte, y necesitas urgentemente una escusa para no hacerlo, al menos todavía, esta es tu lista. No se trata de mejores o peores películas, que nunca se sabe y para eso están los gustos. Simplemente tienen algo que las demás no tienen. Eso que hace diferentes las cosas, guste o no guste...

El increíble caso de Benjamin Button: Tengo una corazonada con esta película. Vale, no arriesgo demasiado, es una favorita inédita y pese a ello absoluta para los Oscar. Corre a cargo de uno de los dos mejores directores de esta generación (David Fincher). Cuenta con el mejor actor y la mejor actriz de la pasada (Brad Pitt y Cate Blanchett, es mi opinión sincera). Y está basada en un relato de Scott Fitzgerald. Por todo ello ya huele a clásico. A historia. A futura seña de identidad de esta década que ya se cierra



W: ¿De veras piensas irte sin averiguar cómo George W. Bush pasa a la historia como el presidente más ceporro del imperio americano de la mano del siempre polémico y sádico director Oliver Stone y del genial transformista Josh Brolin? Recuerda esa noche de niño en que la casualidad te llevó a ver JFK. Cómo maravillado te preguntabas si todo aquello era posible... Y ahora imagina el careto que se les va a quedar a los chavales dentro de diez o veinte años cuando vean esto:



Watchmen: Poesía. El resto de palabras, como casi siempre, sobran...


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De cine, de amor y de vida

martes, 26 de agosto de 2008

El cine tiene mucho de amor. Al principio abruma y supera. Después es una conquista, mortal hacia delante. Luego una exploración en círculos concéntricos. Y cuando caen los trucos, la magia no desaparece. Es lo grande del amor, del cine, del arte.

Ese regresar constante, ese olor a hogar inexplicable de algunos cuerpos, también está presente en algunas películas. Todos tenemos las nuestras. Recordamos involuntarios sus diálogos, adivinamos el siguiente plano y sin embargo ahí estamos, de nuevo, acudiendo a ellas como amantes arrepentidos.

Aún así, entre todas existe una relación constante. Novelas, poemas... son libertad absoluta, productos en esencia egoístas. En cambio el cine se debe a una audiencia. Está obligado a entretener, a ser aceptado.

Por eso todas las películas son: nudo, desarrollo y desenlace. Tres tiempos heredados del teatro. Inquebrantables. Una fórmula única que bebe mucho de la estructura de la vida. Porque vivimos en los demás. Como dijo Pasternak: el alma va por fuera.

Porque también nosotros debemos, tras una exploración introductoria, plantear un conflicto dramático que nos permita existir. De conflicto en conflicto. Y desenlaces sucesivos hasta el definitivo.

El cine enseña mucho de todo esto. Haced un experimento. La próxima vez que veáis una película, fijaos en el contador temporal. Supongamos una duración media: dos horas.

A la mitad de la primera, prestad atención. Oscilando en torno al minuto número treinta, a veces un poco antes, en ocasiones algo después, se plantea un conflicto. Invariablemente. El protagonista conoce a una chica, surge un obstáculo que ha de superar... Relajaos.

Al transcurrir la primera hora, volved a prestar atención. Veréis como siempre se produce más o menos sobre el minuto sesenta un giro argumental. Lo que era ya no es, lo que parecía se desvanece, nuevos datos aparecen de golpe, algo ocurre y ese algo definirá el final. Seguid observando.

Así llegaréis al minuto noventa, en el que se levanta la trama. Los últimos treinta minutos son un mundo aparte. El desenlace de la película.

Y siempre es así.

Exposición, nudo, desenlace. Exposición, nudo, desenlace. Exposición, nudo, desenlace. Media hora, una hora, media hora, aproximadamente.

De modo que ante las circunstancias de la vida, recordad mirar el reloj. Porque tras el conflicto llega el giro medio, y desde el giro medio se construye el desenlace. Y el tiempo corre. No lloréis cuando las cosas se acaben. Aún os quedan innumerables. Innumerables introducciones, nudos y desenlaces. Hasta que dejéis de rodar. Así es el cine. Así es el amor. Y así es la vida. No hay más. Una estructura vestida de giros argumentales. Pero cuando se descubren los trucos no termina la magia. Simplemente, habéis entendido la película.

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Es preferible no viajar con un hombre muerto

viernes, 25 de julio de 2008

En el cine hay muchas películas basadas en una novela (últimamente la relación cine-literatura me interesa bastante). Y casi ninguna basada en una obra de teatro. Es lógico. El cine, pese a su origen en el mundo teatral, ha creado un género artístico autónomo con sus herramientas propias. Y se acerca más a una novela visual que a una representación (o quizás sea que productores y directores lean más novelas, pero sonaba menos grandilocuente, qué le voy a hacer).

Ahora bien... ¿Qué ocurre cuando se intenta acercar el cine a la poesía? (buscando un producto aprovechable, no un bodrio experimental sin interés). De todo lo que he visto, y sin perder de vista que mi cultura cinematográfica es limitada, el intento más inspirado ha sido Dead Man, de Jim Jarmusch.

La película es en si misma una metáfora dentro de otra metáfora. Aborda el viaje de un contable (interpretado por el siempre genial Johnny Depp) que casualmente comparte nombre con el poeta inglés William Blake, desde su ciudad natal hasta un pequeño pueblo del lejano oeste en el que le han ofrecido un puesto de trabajo, desde la civilización hasta lo salvaje, desde la razón hasta la pasión, desde la vida hasta la muerte, desde el cielo hasta el infierno, pero el infierno de Blake.

En su obra El matrimonio del cielo y el infierno, en la que se inspira el film, William Blake presenta una visión de la tradición cristiana muy personal y romántica, en la que libera a la dualidad cielo-infierno de todo carácter moral. El mal es el deseo, la energía poética, y el bien la razón, los límites impuestos por los cinco sentidos.

Así el protagonista perderá conforme avance en su periplo toda noción de realidad y lógica. Contará con la ayuda como guía espiritual del indio Nadie, que ha leído los versos que cree suyos. Las leyes de los hombres irán cayendo, difuminadas por una naturaleza que escapa a la simple percepción.

Todo el film, vestido de western, está construido de forma que recuerda un poema. Los fundidos en negro (por otra parte tradicionales en la filmografía de Jim Jarmusch) marcan el paso de una estrofa a otra, y los repetitivos acordes de Neil Young llevan el ritmo constante de los versos.

Sin duda es una película extraña y difícil de digerir. Pero os la recomiendo. Vedla con calma y comprendiendo que estáis ante un producto que se sale de la norma. Pese a atesorar una gran calidad, en ocasiones puede hacerse lenta. Y su tono lírico desecha toda estructura narrativa, de modo que no esperéis giros argumentales o un desenlace revelador. Ya me comentaréis.

Os dejo algunos de los Proverbios del infierno de Blake, algunos de los cuales son nombrados por el indio al intentar iluminar a su joven compañero de viaje:

-La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.
-La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad.
-Quien desea y no actúa engendra la plaga.
-Sumergid en el río a quien ama el agua.
-No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas.
-Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado.
-La cisterna contiene; el manantial rebosa.
-Si estás siempre listo a expresar tu opinión, el vil te evitará.
-Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se propuso aprender del cuervo.
-Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción.
-Nunca sabrás lo que es suficiente a menos que sepas lo que es más que suficiente.
-El débil en coraje es fuerte en astucia.
-El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del Genio.
-Los poetas de la antigüedad animaron los objetos sensibles con dioses y genios, nombrándolos y dotándolos con las propiedades de los bosques, ríos, montañas, lagos, ciudades, naciones y todo lo que sus enormes numerosos sentidos podían percibir. Estudiaban particularmente el genio de cada ciudad y país colocándolo bajo la tutela de una deidad espiritual. Bien pronto, para ventaja de algunos y esclavitud de muchos, se formó un sistema intentando dar realidad a las deidades espirituales o abstraerlas de su objeto. Así dio principio el sacerdocio, instituyendo ritos según los relatos poéticos. Y, al fin, declararon que los Dioses lo habían querido de este modo. Así olvidaron los hombres que todas las deidades residen en el corazón.


Y el trailer:

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Algunos finales dejan huella

jueves, 17 de julio de 2008

La voz en off en el cine ha sido criticada hasta el hastío. Pero pese a ser ciertamente un recurso fácil, puede utilizarse con maestría. Y eso es más complicado que no usarla.

El caso es que al igual que abre una película, también suele cerrarla. Una gran responsabilidad, dada su mala fama. El final es lo que más perdura en la memoria del espectador, así que hay que medir peso de cada palabra. Y aunque quizás fuese suficiente con el "ir tirando, mirando hacia delante hasta el día en que la palmes" de Trainspotting, si hago memoria, creo que la poesía es el mejor recurso.

Y se me ocurren tres fantásticos ejemplos:

21 gramos

Dicen que todos perdemos 21 gramos
en el momento exacto de la muerte.
Todos
Cuánto cabe en 21 gramos?
Cuándo se pierde?
Cuando perdemos 21 gramos...
Cuánto se va con ellos?
Cuánto se gana?
Cuánto se gana
21 gramos
El peso de 5 monedas de 5 centavos.
El peso de un colibrí,
de una chocolatina.
Cuánto pesan 21 gramos.




El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford


No habría esquelas para Bob,
nadie vendería sus fotografías
en las tiendas de recuerdos,
ninguna multitud abarrotaría las calles
bajo la lluvia para ver pasar su cortejo fúnebre,
no se escribirían biografías
ni habría niños con su nombre.
Nadie pagaría ni 25 centavos
por estar en la habitación que le vio crecer.
El rifle se dispararía
y Ella Mae daría un grito,
pero Robert Ford simplemente
yacería mirando hacia el techo
viendo la luz marcharse ante sus ojos
antes de poder encontrar las palabras correctas.



Blow

Pero fuerzo una sonrisa
sabiendo que mi ambición
sobrepasaba mucho mi talento.

Ya no hay caballos blancos
ni mujeres guapas en mi puerta.

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Y el dolor no pasa

domingo, 13 de julio de 2008

El dolor se queda en la puerta mientras
yo le tiendo la mano penitente tratando
de invitarle a mi morada. Hace mucho que
la soledad resbala negra sobre mis paredes
blancas. Y que la luz se apaga intermitente.
Bajo mi cama la trampilla de la muerte acorrala
los círculos de mis botas ya desnudas del barro
de su falda. Y aunque yo no dejo de mirarla,
ella me muestra la anchura de su espalda ignorando
impasible la humildad de mi ventana, esqueleto
acristalado entre tablones arrancados de su bosque.
Y el dolor no pasa, como sabiendo que su espera
deja mis pulmones huérfanos del aire que desciende
desde la rencorosa altura de la montaña indiferente.



(Escena de la película El Bosque. Si no la habéis visto, entended que ella es ciega)

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Y sobre todo una sonrisa

viernes, 11 de julio de 2008

Un poema ha de ser un esfuerzo por reducir a palabras lo que siendo imposible expresar en trazos negros acostumbra tomar forma de sonrisa, lágrima o mueca de dolor. Nunca ha de verse su composición como un lujo ni como una labor, más bien como una necesidad imperiosa e inaplazable, que duele demasiado si la dejas de lado como para siquiera plantearse un receso. Las preocupaciones sobre la calidad o validez de sus versos serán simples accesorios. La poesía es nihilista, es en sí misma. Todo su valor está contenido en su cuerpo y cualquier otra perspectiva es mera especulación ajena a su significado, que coincide exactamente con los límites de su significante. Es inútil criticarla. Porque la poesía es una una mueca de dolor, una lágrima y sobre todo una sonrisa. Y el tiempo y la distancia se llevan sus raíces hacia unas entrañas que mueren en el misterio dejando su fruto ajeno en la eternidad de un cielo incomprensible.

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Cuando el título es lo mejor de la obra

martes, 1 de julio de 2008

No es que la película sea mala. Es mediocre.
No es que el título sea bueno. Es genial.

"Podrías llegar al cielo en media hora
antes de que el diablo sepa que has muerto".

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Un último baile

viernes, 27 de junio de 2008



Concédeme un último baile en esta noche.
entre sábanas de fuego y de malicia
será un pecado sólo entre nosotros
que nunca confesado moriría.

Prometo no olvidar nunca tus labios,
prometo tatuarme tu sonrisa.
Prometo cerraré nuestro escenario
que no habrá más funciones en mi huida

Prometo no decirlo nunca a nadie
prometo te amaré toda la vida
porque mil años bailan en un beso
prometo que por siempre serás mía.

Y te juro sujetar dos mil cinturas
todas menos suaves que tu cinta
y que siempre cerraré fuerte los ojos
y serás tu la que baile en mis caricias.

Porque me dijiste te debía aquella noche
y yo siempre olvido que es de día
bailará el secreto en cada abrazo
y al fundirnos será como una isla.

Y como somos embusteros y tramposos
dejaremos que se abra nuestra herida
y como nunca habrá nada entre nosotros
volveremos a bailar noches distintas.

Concédeme este baile en esta noche
las estrellas cojan nuestras bridas
la oscuridad cierre nuestro tango
seamos ciegos mientras dure la agonía.

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Lunfardo, un idioma robado, de caricias

jueves, 26 de junio de 2008

Recuerdo que de pequeño cuando veía una película argentina quedaba como hipnotizado. No por la maestría de la cámara o de las interpretaciones. Sino por el lenguaje. Perdía el hilo de la trama esperando la siguiente palabra como un regalo extraño que no entendía. Y quería ser argentino, para tener ese acento, pero sobre todo ese idioma misterioso que siempre pensé poético y secreto.

Hoy ya he crecido. No me pierdo nunca. Pero sigue gustándome el cine argentino. Y sigue atrayéndome ese lenguaje que suena a milonga. A bordado de hilo sonoro. Ahora ya sé su nombre. Lunfardo. Ahora ya sé su historia.

Pero la historia no es importante. Es interesante, pero ya hay tantas páginas sobre el lunfardo. ¿Qué sentido tiene escribir algo que ya ha sido escrito antes? Yo sólo quiero agradecer su existencia dedicándole un pequeño espacio.

Decir que me encantan sus palabras. Que me gusta como suena pucho, quilombo, bacán, macana, chicana, boludo, laburo, mina y pirobar. Que me seduce como acaricia los oídos con naturalidad. Con un arte casual. Y tan argentino. Que me gusta esto:



Nada más.

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Amor a quemarropa

miércoles, 18 de junio de 2008

Soy un amante del cine. Es capaz de regalarte ciertas imágenes que se quedan grabadas en la retina, como un tatuaje que no se ve. Te enseña a soñar. A creer. A saber que las cosas simplemente pasan. Y que no hay nada de que preocuparse. Nada de lo que tener miedo. Porque las cosas ocurren. Aquí, y en todos los sitios. Y para siempre.

Esta escena no es la mejor. Pero es a la que más cariño tengo. El cine a veces es casi tan bueno como la vida.

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Soñadores

domingo, 15 de junio de 2008

En ocasiones las palabras no nacen de un pensamiento. Es como si alguien nos las susurrase directamente a las manos. No las soplase directamente a la boca. No salen de dentro, sino que llegan como desde atrás y se marchan hacia delante. Como si siempre hubiesen estado ahí, en el aire, esperando a pasar a tu través para manifestarse.

Creo que, más o menos, eso es lo que le ocurre a Matthew en esta escena de la película de Bernardo Betolucci, The Dreamers. Desarma a todos con un discurso tan fútil como poético. En contraste, el padre de Theo e Isabelle chapoteando entre razonamientos termina hundido por su propios versos. A petition is a poem, and a poem is a petition. La poesía, en su belleza, puede con cualquier argumento.

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I just wanna be The Motorcycle Boy

miércoles, 11 de junio de 2008



-Quería preguntarte algo
-Sí
-Nuestra madre está loca?
-Ella está bien. Quiero decir...¿Por qué haces esa pregunta?
-Bueno, se largó como si nada
-Ya, bueno... Rusty-James, siempre ha habido personas que no veían el mundo como las personas comunes. Eso no significa estar loco. Quiero decir... uno no está loco cuando tiene una percepción precisa de las cosas.
-Podrías hablar normal?
-Pero a veces, esa percepción, puede volverte loco.
-Habla normal de una vez, no entiendo ni la mitad de la basura que estás diciendo. Sabes. Sabes lo que quiero decir?
-Quiero decir, tu madre no está loca. Tampoco tu hermano, aunque lo piense la mayoría. Sólo está en la película equivocada. Nació a la hora equivocada, en el lado equivocado del río. Tiene el don de poder hacer todo lo que se propone hacer, sin encontrar nada que desee hacer. Quiero decir: nada.
-Ok.
-Ya no entiendes nada de lo que digo, verdad? Esa es la diferencia. Tu nunca perdiste a tu madre, la he perdido yo.
-Creo que... me pareceré mucho a él cuando sea mayor.
-Reza para que no sea así. Pobre niño


(Escena y diálogo de la película Rumble fish, La ley de la calle. Canción Smells like teen spirit, de Nirvana. Cover de Patti Smith)

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