Una noche mis compañeros bebían y yo bebía más
que ninguno de ellos, mis pulmones zozobraban
entre humo, naufragaba de coca mi cerebro.
La vi llegar entonces, desde lejos, antes
que cualquiera se fijase, la miré y sonreí,
mientras ella, prematura, resolvía quedarse.
La reconocí al instante, tan presumida
y distraída bajo su velo cambiante, tardé
aún así mucho tiempo en hablarle sin
confesar nunca saber quién era.
Le agradecía cada uno de los paseos, cuando
serena iba colgando de mi brazo. Acomodé mi
reloj a sus manías y para reposo de sus cansadas
rodillas, le ofrecí cada noche mi pecho.
Yo sabía a dónde quería llevarme, yo quería
quedarme y ella también lo sabía, pero
disfrazamos el fraude de cariño mientras
nos vestíamos con nuestra compañía.
Acostumbraba a arañarme la cara, a frotarme las
manos hasta que me dolían, enfadada estrangulaba
mis huesos y me arrancaba el cabello con ira.
Yo decía que no me importaba, la consolaba hasta
que se dormía, confesó que conocía mi tormento,
una tarde, y juró a la siguiente marcharía.
Esa noche lloramos de miedo y le ofrecí
todo lo que yo tenía: que tomase las cuencas
de mis ojos; mi corazón, le tendí y aún latía.
Su esencia era fría, como su último beso antes
de agradecerme el haberla comprendido. Prometió
su regreso algún día, dijo que ya me echaba de menos.
Se dio la vuelta y entonces lo hice, descargué contra
su cuerpo mi ira, hasta escuchar el quebrar de su
espalda. Cuando la enterré creo que aún estaba viva.
Recuerdo, a menudo, sus últimas palabras, su inútil
y arrastrado lamento de niña, por haber desvelado
sus secretos, mucho antes de lo que debería.
En realidad lo sabía ya nada más verla supe lo sola
que se sentía. Engañar a la vejez no es difícil:
ámala hasta darle tu cuerpo, guarda el odio tras
una sonrisa, traiciónala cuando aún estés a tiempo.
La última dama
miércoles, 6 de agosto de 2008
Escrito por Chema 2 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Poemas
El deseo
martes, 5 de agosto de 2008
Desde que abrí los ojos veo sombras,
los sedimentos de un río imposible,
sus esculturas siempre caprichosas.
Vivo atrapado en torno a un pasado
tan inmediato que nadie lo nota.
El tiempo se equivoca entre mi cuerpo,
lacera hasta el sometimiento mis sentidos:
son monstruos con aliento de recuerdo,
recuerdos de un monstruo que se expande
sobre cada momento que devora.
El campo de mi roce es un lamento,
no siento lo que tengo y aún contengo
todo aquello que siéndome tan propio
me mira con sorpresa de extranjero.
Cuando me besas no siento tu beso,
siento la eterna ausencia de tus labios.
Cada segundo me veo asediado,
toda posibilidad se me revela,
mi pensamiento lame cada esquina
de todo lo que puede ser suceso.
El correr de cada instante es un plañido:
todo lo que habiendo sido se emborrona
entre todo lo que no y ya he perdido.
Cuando me besas no siento tu beso,
siento la eterna ausencia de tus labios
y cuando se termina llega el trueno:
el dolor de cuando no me mordiste,
el placer de los desechos de tu lengua,
el sabor de tus posibles sabores
se desborda violento sobre mi cuerpo.
No hay giro que defina mi destino,
el secreto de la linea del misterio
es rutina para mi YO siempre disperso,
tan obvio y tan desnudo está mi tiempo.
He vivido tantas vidas paralelas
entrecruzadas todas en imposible,
tan expandido estoy que nada siento.
Y no puedo quitarme de la vida
porque en la posibilidad creo estar muerto,
cada una de las heridas que no veo
siguen, pese ausentes, aún doliendo,
las que más queman son cuando me besas
y siento la eterna ausencia de tus labios
al comprender que nunca te he besado,
y no puedo dejar nunca de hacerlo.
Escrito por Chema 2 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Poemas
La sonrisa
domingo, 3 de agosto de 2008

Sonrisa es una arco evanescente
que apunta desde el raso de la bóveda
flechas de carcajada potenciales.
Es una luz arcana omnipresente
que nunca falla cuando es convocada,
entre palabras tristes siempre cabe
no ocupa más que el hueco de la boca
aunque se desparrama en ocasiones
sobre ojos que sonríen en escolta.
Apuntala los momentos imborrables,
donde dos sonríen se persona
una diosa en una sonrisa mutua.
Amiga íntima es de la locura
nace de la necesidad de la llamada
que hacemos sobre el símil de la duda
cuando pensamos no queda ya esperanza.
La sonrisa pasajera en nuestra cara
es reflejo de trayectos de memoria
y conforma el pasaporte que nos lleva
a través de la ironía hasta la euforia.
No quedan ya vestigios del pasado
cuando el habla no manchaba de mentiras
la comisura fiel de nuestros labios,
más que la eterna sobra sonriente
sombrío y bello estigma, tan humano.
Escrito por Chema 9 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Poemas
Cosas que contar
Me duele el aburrimiento al escucharnos
hablar de elementos tan circunscritos
al círculo que guarda nuestro ego
tan poco generoso en desbordarse.
Somos tan redondos y tan reprimidos
que por mucho que finjamos dos mil excesos
nunca podremos vivir fuera del silo
en el que apilamos supuestos defectos.
Tapamos cicatrices con maquillaje
el viento no se filtra en nuestras mentes
y consideramos insulto el ser vulgares.
Queremos algo perfecto y biensonante
cantable para que cuando seamos viejos
la voz de la memoria embalsame nuestros huesos
y por más idiotas que siempre hayamos sido
poder hablarle a nuestros tristes nietos
y que ellos nos recuerden a sus hijos.
Olvidando que el bum-bum de los latidos
no fluye más allá de este momento
y el nuestro es un momento tan hueco y frívolo
que todo sonido, tras agonizar un poco
expira al beber de su vacío.
Escrito por Chema ¡Deja el primer garabato!
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No estoy enamorado...
sábado, 2 de agosto de 2008
...estoy acerrojado de balas pasionales
apuntado con sosiego de asesino
que busca dar de lleno en su diana.
Aún no he sentido aquel instante
en que un estallido para el tiempo
aunque lo siento cerca (lo presiento)
cuando has matado tanto ya lo sabes.
El amor no es juego fácil ni ligero
el que quiere herir se hiere
y está muerto
el que buscando muerte la sostiene
en cada uno de los soplos de su aliento.
Escrito por Chema 3 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Poemas
Malditos de sonoro
Cuántos se han aventurado...
en cuántas noches,
almidonados de deseo exacerbado
por veredas de palabras sollozantes
formadas de punzadas en el lomo
donde su febril mitología intuye el robo
de víscera cardiovascupalpitante.
Los altisonantes, a modo de hábil sastre
ciñen sus oídos de mercantes modas
encorsetando con te quieros pegajosos
absurdos lloriqueos insalubres.
Sin entender que en su narciseo quejumbroso
llamando por un nombre mujeriego
Marta, Lucía, Ana, Lidia o Vero
pierden ese momento dulce de triste
en el que solos y ausentes son esclavos
de un amor que pende en los silencios
del amor sonoro y necio que han creado.
Escrito por Chema ¡Deja el primer garabato!
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La curva de arena
viernes, 1 de agosto de 2008

(Creative Commons: javivaz)
A veces las más tristes doncellas de la mar
se cuelan entre el rumor de la espuma de una ola
para acariciar en el reflejo de la arena húmeda
las huellas al caer desde los pies de sus gemelas.
Las enamoradas, que ilusas piensan
que en su soledad son desdichadas.
Pero es en la curva que dibujan
al partir la playa en dos mitades
donde mayor fuerza cobra la tristeza.
Porque entre las rocas... cuántos cobardes!
pintan de verso el aire de su fuga.
Escrito por Chema 2 garabatos (se balanceaban...)
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