Le verás caminar solo

domingo, 29 de junio de 2008

Cloaca de lágrimas frías
le verás caminar solo
no huyen sus pasos encuentro
ni encuentran nunca reposo
se desparrama la noche
como capa tras sus hombros
el color se desvanece
bajo el luto de sus ojos
no hay cristal en sus pupilas
tan sólo unos vidrios rotos
los barrotes de su celda
son dedos que llevan la cuenta
de sus pulsos de vitriolo.

Un secreto le amordaza
y le tapiza los huesos
fue judas inspiración
de todo lo que le dieron
cada vez que expulsa aire
está maquillando un lamento
en su cuerpo solo tiemblan
cuatro monedas de hierro
si alguna vez ha de marchar
adonde no cabe el regreso
sabe que habrá de pagar
para descansar en paz
doble viaje al barquero.

La fuente de su desdicha
corre entre riscos lejanos
hijos de un negro cincel
sostenido en bellas manos
y a lo largo de su cauce
no forma ningún remanso
corre imparable hacia un mar
picado de sangre y de llanto
no hay presa que la detenga
y dibuja al llegar tres lados
el uno pide perdón
el otro dice hasta siempre
y el tercero es su descanso.

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Un último baile

viernes, 27 de junio de 2008



Concédeme un último baile en esta noche.
entre sábanas de fuego y de malicia
será un pecado sólo entre nosotros
que nunca confesado moriría.

Prometo no olvidar nunca tus labios,
prometo tatuarme tu sonrisa.
Prometo cerraré nuestro escenario
que no habrá más funciones en mi huida

Prometo no decirlo nunca a nadie
prometo te amaré toda la vida
porque mil años bailan en un beso
prometo que por siempre serás mía.

Y te juro sujetar dos mil cinturas
todas menos suaves que tu cinta
y que siempre cerraré fuerte los ojos
y serás tu la que baile en mis caricias.

Porque me dijiste te debía aquella noche
y yo siempre olvido que es de día
bailará el secreto en cada abrazo
y al fundirnos será como una isla.

Y como somos embusteros y tramposos
dejaremos que se abra nuestra herida
y como nunca habrá nada entre nosotros
volveremos a bailar noches distintas.

Concédeme este baile en esta noche
las estrellas cojan nuestras bridas
la oscuridad cierre nuestro tango
seamos ciegos mientras dure la agonía.

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Lo que tenía que decir

jueves, 26 de junio de 2008

Hace no mucho tiempo estuve perdido. Las ideas no salían, como si tras una carrera de fondo estuviesen sin aire. Pensé que era hora de tomarme un descanso y dejar que fuese el tiempo el que corriese. Decidí que antes debía escribir una especie de poema cierre, poema despedida, poema homenaje a todos los que hasta entonces había escrito. Algo grande y artificioso.

Me salió un truño de 83 versos. Hoy volví a leerlo. Con dificultad porque mareaba bastante. Y me di cuenta de que debajo de todas esas palabras cruzadas y peleadas quería en realidad dejar un mensaje que trascendía sobre el mensaje que por aquel entonces creía que debía dar. Un poco más sabio salvé algunos versos, agarré el significado y tiré con fuerza hasta liberarlo de su significante. El resultado es este. Un poema bastante más desnudo, sincero y claro. Lo que realmente quería transmitir: por qué escribo. Si vais a leerlo, por favor, hacedlo a media voz, si no no tiene sentido.


Fue la mordaza de la vida que le puso
nombre a mis silencios que delatan
no la ausencia de palabras que decir
sino el no poder decirlo con palabras.
La parálisis: ser consciente de estar solo
y ser solo sin estar nunca consciente
(porque la consciencia cruda del vacío
es sentida bajo el manto de la muerte),
aprisiona cada uno de mis sentidos
los destierra sin retorno permitido:
donde tu ves una vela en un mantel
yo escucho arder un sol sostenido,
donde tu hueles perfume de mujer
yo siento un respirar herido.
Y tu piensas que la lluvia en los tejados
es molesta o agradable o misteriosa
mientras yo no dejo de preguntarme
si es hermana de lágrimas que al caer
no quisieron su razón perder
y regresaron al cielo para recordarme
lo que sólo una lágrima refleja
el naufragio a la melancolía de mejillas.
O si son un simple maquillaje.
Es una más de otras tantas heridas
que derramando miradas fugitivas
clamor mudo de justicia divina
no hallan sino una respuesta omisiva
perdiéndose al fin a la deriva
entre espacios a los que nadie puso nombre.
Es el dolor más inhumano.
Porque pocos nos lo repartimos.
Es un dolor que vive así como enclaustrado
y sólo es visible al mirar al suelo
en una sombra que yace sobre su asfalto
desangrándose poco a poco de negro*.


(*) Tinta (sé que es obvio, pero tenía que aclararlo).

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Lunfardo, un idioma robado, de caricias

Recuerdo que de pequeño cuando veía una película argentina quedaba como hipnotizado. No por la maestría de la cámara o de las interpretaciones. Sino por el lenguaje. Perdía el hilo de la trama esperando la siguiente palabra como un regalo extraño que no entendía. Y quería ser argentino, para tener ese acento, pero sobre todo ese idioma misterioso que siempre pensé poético y secreto.

Hoy ya he crecido. No me pierdo nunca. Pero sigue gustándome el cine argentino. Y sigue atrayéndome ese lenguaje que suena a milonga. A bordado de hilo sonoro. Ahora ya sé su nombre. Lunfardo. Ahora ya sé su historia.

Pero la historia no es importante. Es interesante, pero ya hay tantas páginas sobre el lunfardo. ¿Qué sentido tiene escribir algo que ya ha sido escrito antes? Yo sólo quiero agradecer su existencia dedicándole un pequeño espacio.

Decir que me encantan sus palabras. Que me gusta como suena pucho, quilombo, bacán, macana, chicana, boludo, laburo, mina y pirobar. Que me seduce como acaricia los oídos con naturalidad. Con un arte casual. Y tan argentino. Que me gusta esto:



Nada más.

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Quizás no fuese necesario

miércoles, 25 de junio de 2008

Quizás no fuese necesario ser tan simple
caminar bajo farolas largas noches sin descanso
hablar con los mendigos sobre cosas que no existen
mirar al mar como rogándole al salitre algo adeudado
provocar tantas peleas contra cuerpos mutilados
sangrar sobre el asfalto y mientras escuchar los golpes
y duplicar por la mitad lineas azules en mis brazos.

Quizás no fuese necesario ese respirar tan fuerte
de tabaco, marihuana, pegamento y gas butano
inyectarme heroína diluida en mi propio llanto
traicionar a mis amigos y mudarme demasiado
enamorarme de mujeres con hábito de purgatorio
recitar mientras llovía un repertorio improvisado
mirando hacia una ventana abandonada e indiferente.

Quizás no fuese necesario, pero ha sido inevitable
en la necrosis de mis días creo ver su señal inerte
y yo tengo que buscarlo si mi rival no viene a verme
aunque otros muchos tiemblen al sonido de su nombre
como amante soy celoso y nunca nada pude hacerle
porque me han dicho que la vida anda prendada de la muerte
y desde entonces no la siento, la noto como ausente.

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Odio

martes, 24 de junio de 2008

Te odio, porque no odiarte no puedo

te odio en cada estrofa, en cada verso

y el odio que te odio es un boceto

del odio que tengo como proyecto

pues remití sin precio hacia el averno

mi alma por odiarte más abyecto.

El odio en mis arterias es casero

y ya hasta de latidos soy desierto,

pues cabeza y corazón hacen incesto

para parir más odio de odio viejo

y cada vez que espiro otro jadeo

nace de aire y odio otro lacero.

Odiarte cada día es el albero

donde brego tus dos lágrimas trofeo

y hago doble jornada de pedrero

para extraer más odio del subsuelo

y sería necesario un universo

si reuniera todo el odio que retengo

y aún más odio habitaría en el reverso.

Pero mi odio a la traición no le es ajeno,

cuando miro en sus dos ojos no es sincero

y sospecho que es un odio de fogueo:

un estuche de pasión del amor terco.






"Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros" Hermann Hesse

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Si te callas

lunes, 23 de junio de 2008

Es curioso. Puedo escribir. Simplemente sujeto un boli bic y pongo un folio en blanco frente a mis ojos. O abro el procesador de textos. Depende. El resultado puede ser un cúmulo de tachones como una nube de tormenta de la que caen algunas gotas de tinta aprovechables. O minutos de escribo, corto, pego, borro, vuelvo a escribir y borro. Me levanto. Camino. Me miro en el espejo. Vuelvo. Y sigo.

Pero hubo un tiempo. No muy lejano. Para nada lejano. Simplemente mientras mis ojos se velaban mi mano dibujaba sola. Versos limpios y claros aparecían como si yo no hiciese nada. Sólo tenía que sostener una imagen. Sólo una.

No necesitaba nada más.

Figúrate que la miro y no sé cerrar los ojos
por el miedo a que al abrirlos no encontrarla
y hay veces que me mira y me evaporo en su mirada
y viajo entre los rayos de luz tibia proyectada
y mirando entonces veo que no existe otra coartada
que su imagen para no desvanecerme en una mancha
perfumada de aire, fuego y veneno color ámbar.
Como su iris, que mientras ella canta baila
y me embruja sin yo querer ni poder hacerle nada.
Estoy perdido, perdido porque ella mira mientras habla
lo que es bueno, porque para mi es tal que una férrea dama
que miro su boca y muero si no me dice nada
cada segundo una tortura cuando ella está callada
pero si habla es como si la luz fuese más clara.
Y es como si esa luz fuese tejiendo telarañas
que al nacer capturan gotas de su cruel y oscura gracia
y dibujando laberintos van formando una maraña
de realidades que juntas giran al compás de sus palabras.
Y hay veces que armado de mi ver como una espada
cabalgo por su cuerpo como si fuese a batallarla
cada palmo, y exhausto bebo de su piel de nuez moscada
mezclada con la miel que sus niñas me regalan.
Y es curioso, que en ocasiones sus manos me acorralan
en historias que mi mente les inventa a cada pausa,
a cada gesto, como si rebelde a mi cuerpo abandonara
y emprendiese en un código secreto una gran charla
con el suyo, y olvido entonces el sonido de su garla
y hechizado le pregunto: Fea, por qué callas?
Y ella ríe: Pero feo, si eres tu el que no me hablas!


Sé que puedo escribir cosas mejores. Pero sencillamente echo de menos que nazcan tan naturales. No tener que revisar nada.

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