Un genio, un capricho, has sentido
alzarse la tarde como límite del cielo
el sol cayendo huero
un diablo filoso se fustiga entre las ramas
todo camina a lo lejos
es la crucifixión de lo invisible
se drenan las manos de Dios
y en el suelo apenas
una hoja alcanza a temblarse.
(Yo también sigo aquí, jadeando en la gran garganta oscura, o silenciosa, pero el tiempo del reconogimiento ha llegado a las palabras. Si hay otro Capítulo 93 será siempre otro, he comprendido que un antes y un después nunca se juntan. Confieso que sigo escribiendo, íntimo, de todos modos. Trabajo en una novela, fíjate tú, y descanso en un tranquilo poemario, de donde sale el amago en verso de arriba. Un beso a todos y gracias por vuestra atención. De todo corazón y para siempre)
(Que nadie se sorprenda si ahora me diese por seguir escribiendo aquí, me gusta llevarme la contraria)
Viento de otoño y final
martes, 7 de abril de 2009
Escrito por Chema 8 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Poemas
De la naturaleza eterna del Amor
domingo, 22 de febrero de 2009
Recuerdo... tendría apenas diecisiete... que pasé una tarde entera disputando con mi abuelo de la naturaleza eterna del Amor. Disputando digo Diego, que yo hablaba y él escuchaba, pero la terquedad de su silencio por una vez no me inquietaba más que un poquito, pues mi voz era el fruto maduro de la perpetuación alevosa de una tesis.
Había leído largo, o cuanto menos ojeado, todo libro, poema o tratado de temática amorosa, dejando mientras sonar en la cadena del salón y contra el gusto de mi madre cientos de viejos cassettes hippies que había sustraído sin ningún tipo de violencia a mi prima segunda Susana. Incluso creo recordar haber pasado una mañana en la sala de diapositivas de la Biblioteca Municipal, rellenando un polvoriento proyector de imágenes amarillentas, posíblemente pertenecientes a cuadros y monumentos por el Amor inspirados.
No había pues en mi discurso una palabra abandonada al azar, ni un instrumento de la lógica del que yo no hiciera uso. Perfilé así durante horas la inevitable y forzosa conclusión: el Amor sólo es Amor cuando es eterno, y sólo existe un Amor, puesto que únicamente existe un para siempre.
Cuando al fin callé no pude evitar que una sonrisa de superioridad intelectual ocupase por entero mi cara. Los labios de mi abuelo apenas le dieron una réplica inacabada, mientras sus ojos escarbaban en el infinito, tratando de encontrar un punto de alivio a la carga de mi argumento. Finalmente habló. Lo hizo con una voz cansada, como si viniera de lejos:
Dicen que la furia muere joven, y en cambio los dragones son eternos. Y sin embargo, cuánto le temo yo a la furia, y qué poco a los dragones.
Creo que esa es, a grandes rasgos, la diferencia entre Kant y Nietzsche.
Escrito por Chema 4 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Relatos
Ángel urbano
lunes, 22 de diciembre de 2008
Ya se cae la tarde y aún no pude
sacudirme de encima este cometido de intruso
a la deriva de calles descuidadas de sí mismas
desparramadas sobre su propio cuerpo
de ciudad alicaída
como si la ciudad precisase de alas
como si no le bastase con su juego de esquina
con su punto de fuga de esperanza
con sus alcantarillas
a otras ciudades donde rosa
aún es nombre de flor y no de herida
Quién iba hoy a confesarme
que terminaría mendigando el sentido de la vida
a la desidia de señales que naufragan en bocana
de "no tengo un fierro mi vida
estigma de pasión burrera ya lo sabes"
con una valija apenas de recuerdo
extraviada
como un agreste perro
en la nebulosa de esta ciudad que no termina
Y aunque pude perpetuar este día miserable
noviando la tinta que ahora ya me deja
la violencia del ocaso hiere al fin
inexorable
de romance sus tejados y de lujuria sus esquinas
la ciudad alza así renovado su plumaje
perpetuando con su vuelo nocturno la agonía
de este cometido de intruso de calles
que van a ninguna parte y siempre a la deriva
Escrito por Chema 14 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Poemas
La canción de la semana: Across the Universe
Escoger una sola canción de los Beatles es bastante osado: Lucy in the sky with daemonds, Strawberry fields forever, I am the walrus, Everybody's got something to hide (except me and my monkey), Helter Skelter, Get back, Here there and everywhere, Revolution 1 ... los puntos suspensivos son aquí un delito necesario. Escoger una sola canción de los Beatles es sin embargo posible: sólo hay que señalar la que uno quiere. Es más o menos como señalar a tu chica.
Por eso la canción de esta semana es Across the Universe. No sé si es la mejor canción de los Beatles, y ni siquiera me importa. Porque sé que cada vez que siento que algo me supera canto ese estribillo inigualable: Jai Guru Deva Om, Nothing's gonna change my world. Y que luego me siento realmente... de puta madre.
Escrito por Chema 3 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Canciones
Borges y Cortázar, según ellos mismos
viernes, 19 de diciembre de 2008
Para los ni argentinos ni filólogos ni aficionados como usted con mano en el hombro de Montoya, Hector Yánover era además de un poeta, un librero de cuando los libreros eran otra cosa y guardaban, bajo llave de tinta indeleble, vínculo estrecho con todos los lectores y escritores que tenían el azar o la fortuna de tratar con los libros que él vendía. Hasta el punto de que a alguno de los que escribían, no a todos porque su tiempo -el de Yánover- era escaso, les grabó un disco, no, no a todos pero sí a los más insignes, pero sí a Borges y a Cortázar, a Cortázar y a Borges.
El Zar dedica su disco a relatos, a qué si no el maestro, a qué si no, si no tenía otra cosa. Pero ni falta, ni falta. Se arranca con una introducción que deja bien a las claras que el carisma de su pluma guarda mucho de la tradición de la boca. Luego se suelta y refrenda con Torito, como si fuese él mismo, como si Justo Suárez el Torito de Mataderos en su cama, improvisando y digiriendo sus recuerdos, abandonado y enfermo ya de tuberculosis. Es relativamente largo, che, pero esa demostración de lunfardo lo merece, el play y el replay tres veces.
Palabras preliminares:
Torito:
A Borges, millones de veces más poeta y ya ciego, le da por un camino más de verso, con alguna que otra prosa lírica. Hay que perdonar la frialdad de los cortes en la grabación a los que obliga el dictado, para así poder apreciar la candidez de la voz siempre generosa del maestro de la literatura y la ironía. De las veintiséis porciones que suman la grabación escojo estas cuatro porque me parecen más de Borges, aunque quizás sean más del otro:
Límites:
Milonga de dos hermanos:
Milonga de Jacinto Chiclana:
Borges y yo:
Escrito por Chema 6 garabatos (se balanceaban...)
Reflexiones en la sala de espera del infierno
jueves, 18 de diciembre de 2008
Le dijo que volvería en seguida. A las cuatro y doce minutos, se lo dijo, mientras la tarde de verano se colaba implacable por la ventana entornada. En olas que pensó estarían acariciando el límite de la invisibilidad. Como cuando escuchas el mar tras unas rocas. Se distrajo largo, esperando el infinitesimal de densidad necesario para que se apareciese. Un océano de sudor bañándole el cuerpo. Pero cada infinitesimal contiene al menos un infinito, y no vio nada.
La cortina bailaba el infierno y en cambio la sábana que envolvía su cuerpo olía a paraíso. Al sexo que se había quedado a vivir sobre ella, como se queda a vivir en todas las cosas. Tenía suerte, el sexo, viajante de cuerpos de gente que no se conoce. Siempre tan bienvenido. En su nombre se dan los primeros saludos, las primeras sonrisas de los bares. Aunque muchos no se atrevan a reconocérselo, necesitan esa medicina de Dios contra la individualidad.
Se levantó y fue hacia la neverita que ella le había señalado. "Ahí hay cerveza". Agarró una, y mientras su cuerpo regresaba al alcohol aprovechó para preguntarse cuánto sería enseguida para esa mujer sin nombre. La experiencia le decía que más que para un hombre, sobre todo si impaciente. Calculó minuto y medio de enseguida común más veinte minutos de enseguida femenino con diez minutos extra de acabo de conocerte. Las cuentas en este punto se complicaban en variantes desconocidas: estado de ánimo, opinión sobre el individuo, causante de la salida. Tardó en resolver la ecuación, ayudado por estimadores insesgados como las dos horas del hola a la cama o el que nunca hubiesen discutido.
El cálculo quedó en cuarenta y nueve minutos, de los cuales veintiuno ya se habían marchado. No se le ocurría qué hacer con su cerveza ya vacía, su móvil sin batería, la soledad y los veintiocho minutos restantes. Había una televisión en el cuarto, pero la idea de pensar una cosa de manera simultánea a millones de personas le aterraba. Realmente deseaba marcharse, pero no quería que la muchacha pensase que no había valido para él siquiera un enseguida.
Agitó el paquete de lucky olvidado sobre la mesilla de noche. Aún quedaban algunos. Se acodó sobre el alfeizar de la ventana y colocó uno entre los labios. No tenía fuego, pero estar así le recordaba cuando aún era un crío y fumaba. Y aquellas victorias sobre otros alféizares que se mezclaban con el de ahora. Rememoró las palabras de su barman de cabecera, que tantas veces le había llevado a casa:
"Para ganarte una mujer solo tenés que beber con ella. Pero beber, beber hasta el naufragio. Cuando despertés el amanecer ya estará de tu parte. Convidala al desayuno. Y si ella te gusta realmente, convidala además, en alguno de los años siguientes, a que se case con vos".
Había seguido el consejo. Prendió el siguiente con el pucho imaginario del anterior mientras trataba de recordar qué coño hacía entre esas cuatro paredes. Supuso que le gustaba perder cosas, sentarse a la orilla de todo. Y una vez allí, pese a que ni él ni la pena lo mereciese, volver. O marcharse. Esta vez, pensó, volvería. Se pondría la ropa y saldría de ese infierno de culpa. Y nunca más se marcharía de ella. Y todo estaría bien. Pese al frío. Un frío que sí podía verse.
Abrió la puerta. Allí estaba la desconocida sin nombre, que sentía haber tardado tanto. Miró el reloj, cuarenta y siete minutos, en realidad llegaba pronto. La besó. Y sobre el suelo, paulatinamente, los cuarenta y siete minutos se fueron perdiendo entre los minutos siguientes, entre las olas de calor invisible, entre los gemidos del sexo que se había quedado a vivir sobre todas las cosas. Y nadie volvería nunca a saber una mierda de ellos.
Escrito por Chema 5 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Relatos
El beso
martes, 16 de diciembre de 2008
Todas las mujeres viven en el instante de tu boca
y tu boca cruza una boca y una boca cruza tu boca
y tu boca
se abre rota contra un azar inconsciente
que yace sobre la mía
un ahora salvaje grita
con agonía un para siempre
entre tu bo...
(deja que las palabras vuelen
lejos
ya tratarán de acercarse
ciegas
arriesgando nuestros
labios
como vulgares poetas)
Escrito por Chema 8 garabatos (se balanceaban...)
Etiquetas: Poemas
