Balada de la viuda sin muerto

domingo, 14 de diciembre de 2008

Melifluos cascabeles de discordia...
el hombre insiste,
la soledad insiste,
la muerte insiste,
y tú maquillas... una cara... distraída...
porque la mente se te gangrena
de todo aquello que alguna vez...

De vez en cuando algo palpita
y ya no sabes... si es él que brota
o eres tú...
la que brotas, desde otra cosa,
desde la carne, desde el sexo,
en dirección
de todo aquello que alguna vez...

Lo llevas siempre, nunca lo arrojas,
te desoja el estómago...
y te enarbola...
como una lengua y un viento triste
y sin embargo no puedes nunca
volver a pronunciar el nombre
de todo aquello que alguna vez...

Alguna vez quisiste

...




¿Alguna vez quisiste?

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Copyplay, un plagio con historia



Bromas aparte, además de sonar bastante a un chiste para Eurovisión, el plagio de Coldplay a Joe Satriani es tan obvio y tan casposo que a Chris Martin deberían meterlo en la cárcel no por carterista, sino por soltar aquello de que todo es una graaaan coincidencia. Pero no es sino una evidencia más de que allá por los años setenta la música (un arte) se separó para siempre del pop (un mercado).

Ahora, visto en perspectiva, la letra de aquel Yellow que los lanzó al estrellato: "I came along, I wrote a song for you" suena completamente a cachondeo. Y su música ha pasado de recordarme ligeramente:



A parecerme demasiado igual a esa pequeña joya de Here engastada en el álbum Slanted and Enchanted de los grandísimos Pavement:

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La revelación de Beckett

sábado, 13 de diciembre de 2008

En 1945, Beckett regresó a Dublín por un breve período de tiempo. Durante su estancia, le sobrevino una "revelación" a través de la cual comprendió cuál debía ser la dirección literaria a tomar. Experiencia que sería más tarde literaturizada en la obra de teatro Krapp's Last Tape (La última cinta).

En dicha obra, el protagonista Krapp está escuchando una grabación realizada por el mismo tiempo atrás. En un momento dado oye su propia voz diciendo: «...veía claro, en fin, que la oscuridad que yo siempre había luchado encarnizadamente por ocultar era, en realidad, mi mayor...». Sin embargo, Krapp hace avanzar rápidamente la cinta antes de que el espectador escuche la frase completa.

Beckett confesaría más tarde a su biógrafo James Knowlson que la palabra perdida en la grabación es "aliado". Y que esta revelación estaba en gran parte inspirada por su relación con James Joyce (su mentor). Afirmó haber encarado la posibilidad de verse para siempre a la sombra de Joyce, con la seguridad de no poder vencerle nunca en su propio terreno.

Beckett decía haber comprendido que Joyce había llegado tan lejos como pudo en la dirección de un mayor conocimiento y del control de ese ingente material, "siempre estaba añadiendo cosas: no hay más que fijarse en las pruebas constantes que da de ello. Yo comprendí que mi camino, al contrario, era el empobrecimiento, la renuncia y emancipación del conocimiento; era restar más que sumar."»

Así Beckett rechazó el principio joyceano de que saber más era un método de entendimiento creativo y de control del mundo. De ahí en adelante su trabajó avanzó por la senda de lo elemental, del fracaso, el exilio y la pérdida; del hombre ignorante y desprendido. Según Radomir Konstantinovic, uno de sus amigos íntimos, el olvido era para Beckett lo que la memoria para Proust.

Fuente: Wikipedia

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Diez cosas mías que consiguen volverme loco

1. Me gusto porque empiezo a leer los poemas desde los últimos versos, como un buscador de tesoros. Entonces los voy escalando, comprobando que el terreno lo merezca. Porque valoro mi esfuerzo. Y a la mitad me doy cuenta de que aquello era un poema. Vuelvo entonces la vista a sus orígenes, leyéndolo con mueca grave, disimulando, como si no lo conociese de antes, como si no supiese su secreto.

2. Me gusto porque llevo una libretita cutre de polipiel en el bolsillo, a la que llamo mi agenda con la clásica escusa del yo-no-soy-de-aparatos. Y que en realidad utilizo como trampa, para capturar los absurdos varios que me salen de vez en cuando. Me gusta la cara de imbécil que se me pone cuando estoy ahí, anotando, estupideces como esta:

Nota para novela: Un tío recibe nota debajo puerta. Contiene dirección. Se la ha pasado su yo del futuro. Puede ver sus distintos yos pasados y futuros.

En realidad está muerto.


Empieza: En ocasiones la vida te pasa notas por debajo de la puerta. Terminaría: En otras ocasiones la muerte, pero en relación con otra frase.


Mierda, se parece demasiado al sexto sentido.


3. Me gusto porque cuando estoy solo le hablo al aire. Que no es como el que habla solo, aunque se parece bastante. Pero es más como un ensayo. Imagino situaciones. Invento diálogos absurdos. He hablado diez veces más con cada uno de vosotros de lo que hablasteis vosotros conmigo. Y aún así no os lo reprocho.

4. Me gusto porque tengo siempre que esforzarme para bajarme o subirme hasta el nivel de las cosas. En realidad siempre voy unos centímetros por arriba. Unos metros por abajo.

Y aunque nadie más lo aprecie, yo me valoro ese sacrificio de devorador de depresiones, de disfraz del propio ingenio. Y es cierto que a veces fallo. Pero siempre sabré perdonarme. Aunque otros no lo hagan. Porque me gusto así, con todos mis inevitables.

5. Me gusto porque soy una de esas personas de mirada, y divido a los demás únicamente en dos grupos. Los ojos que puedo mirar infinitamente y los que apenas sostengo. Y la incomodidad de tener que hablar oteando el infinito supera cualquier tipo de cualidad positiva. Y al contrario, he sido amigo de ladrones, amante de prostitutas.

6. Me gusto porque siempre ando distraído de las horas del resto de los mortales. Para mí de noche puede ser de día, y suele serlo de hecho. Nunca pude acostumbrar a ningún horario mi sueño. He desayunado con Wiskie. Y ningún alarmista lo habría tildado de alcoholismo.

7. Me gusto porque soy el más guapo y el más feo de todos los tíos que en mi vida he conocido. Con un peine y un espejo, jugando con orientaciones y ángulos, con luces y perspectivas, con muecas y con peinados, soy un ángel. O su demonio complementario. Y siempre que me levanto no miro mi cara en el espejo, contemplo mi estado de ánimo.

8. Me gusto porque soy cínico como la propia mentira, más que cualquier otro hombre, pues aprendí de mujeres. Y sin embargo, muy de vez en cuando, se me filtran como descargas de algo, que resulta que aún me late. De niño fui un gran romántico, un Victor Hugo sin barba. Y a veces me río con ganas, y otras de veras te juro que lloro. Aún no aprendí el arte más elevado de la hipocresía purista, el de contener una lágrima.

9. Me gusto porque yo sí sé a qué coño huelen las nubes, y porque conozco de memoria el sabor a despedida, y sé distinguir con el tacto el valor de la osadía, y he visto la cara a todas las pasiones que he tenido, y las recuerdo con frecuencia y con bastante cariño, así como el sonido de sus besos en la boca de mi estómago.

10. Me gusto porque todos mis momentos, más de cerca o más de lejos, orbitan en torno a un cuerpo femenino. Me gusta que ya lo tengo asumido, que soy como un complemento, un trozo de cuero masculino contenedor de recuerdos y perfumes de mujer. Colgado de un brazo invisible. Un simple bolso de Carolina Herrera, o alguna otra. Pero un bolso, he de decirlo, que me gusta de cojones.

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Unos tuvieron su Underwood, otros su Olympia, pero yo...


(Click para ampiar)

¿Y tú? ¿Desde dónde escribes? Fíjate que lo del instrumento es una cosa importante. Que se lo digan a Jorge Lanata: "Un día me llega una carta, y estaba escrita en Lexicon 80, cuando vi la carta pensé: Huy, no puede ser, pero si ésta es mi letra. Vos fijate qué nivel de locura. Bueno, vos me preguntás qué hago: yo escribo, la Lexicon 80 es mi letra".

Y la Debian mi estilográfica, Jorge.

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Dios está hecho del aire que una mujer espira

viernes, 12 de diciembre de 2008

Arrastrados por sus caballos, ya en un retorno forzado
construido de mineral de destierro y arena de desventura
los ojos siempre conservan las llamas de los castigos,
en destellos incondicionales que ya nunca serán de locura.

Los cadáveres de año sobre los que pronunciaron el pacto
contra la tornadiza costumbre de andares evanescentes
hace mucho se marcharon entre jadeos contenidos
por cuerpos que aún penetrados siguieron indescifrables.

Infinitos subterfugios se forjaron para negar el camino
sirviendo todos de cruces al camposanto de ese pecho
donde enterraron sus razones para descender al infierno
que es poder sentir el cielo apenas unos segundos.

Y desear haber muerto para escribir como un ángel
encerrado en un cuerpo que sólo siente en dos espejos
mientras el pensamiento en que cada noche se consume
te arde en el cenicero de un mismo recuerdo refractario.

Sin mucha más ceremonia la vida se nos va cobrando
y sólo cuando volvemos sabemos lo que nos era prohibido
los hombres no fracasamos de insuficientes victorias
porque una sola es la derrota, los hombres estamos perdidos.


(La mía fue como el poema más bello del mundo
improvisado en el susurro de una prostituta rumana)

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La canción de esta semana: If you tolerate this your children will be next

lunes, 1 de diciembre de 2008

A mi los Manics de antes de la desaparición de Richey James no me emocionan en absoluto. Son recordados especialmente por su álbum Holy Bible, en teoría uno de los mejores de la década de los 90. Muy tipo Joy Division. Y tengo algún tipo de disfunción auditiva que me impide apreciar ese tipo de música. Que mira que Joy Division y New Order y etc. debieron ser la hostia y tal. Para mí es tal que oír llover (que está bien pero es cansino y está sobrevalorado).

Sin embargo, el nombre de Richey James ha aparecido en la prensa estos días (escribí esto antes de quedarme sin línea hace diez días, siento el desfase temporal), debido a que al fin se le ha hecho entrega de una muy merecida presunción de muerte. Descanse en paz. Edwards siguió a rajatabla el canon de rockero incomprendido. Logró la fama para el grupo rajándose en un brazo, era anoréxico, depresivo y un buen día desapareció sin dejar rastro. Siempre será recordado como uno de los grandes letristas de su generación, y el único guitarrista que no sabía tocar la guitarra.

Si tuviese que elegir un tema de los primeros Manics, me deprimiría, así que pongo su mayor éxito. Que al menos es extremadamente pegadiza, está inspirada en la Guerra Civil Española y suena como aquello de "ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde" (Martin Niemoeller).

                     

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