“la chair est triste, hélas! et j’ai lu tous les livres fuir! là-bas fuir! je sens que des oiseaux sont ivres”
Stéphane Mellarmé
“porque de la palabra que se ajusta al abismo surge un poco de oscura inteligencia”
Enrique Lihn
ojalá las polillas me devorasen como a una bombilla incandescente. parecería una amenaza entre sus alas, algo salvaje golpearía mis cristales sin rozar el filamento que te nombra.
deja de mirarme y toca. estoy cansado de alumbrarte, necesito sentir cómo te duelo.
me iré dejando sólo los insectos. y el mejor poema que conozco en un lugar de la Coruña donde sólo tú sabrías leerlo. tu nombre, amiga mía, sobre el viento.
me hablaron de dominar el mundo, me dijeron que yo era inteligente
tenía que abrigarme mucho porque, como cualquier catarro, lo primero que ataca el amor son los pulmones
y yo que prefería contagiarme, sentir uno tras otro cada síntoma, soñar constanemente cada fiebre, chupar todo lo que amaba, morder lo que no quería que se fuese, aspirar como cualquier otro niño al calor que prometían las cerillas
lloré hasta purgar todo el aire y convertirme en un organismo decadente, un parásito del dolor que transpira a través de todos los abrazos, un coronel que lanza sus pájaros rojos en un ataque frontal por latido que no deja ninguno en retaguardia, un rebelde sin otro dominio que el mundo que gira dentro de su boca
un enfermo que desecha la eutanasia, una agonía de sustancias que se reponen cada vez que el aire que se marcha, mordido y lleno de saliva, vuelve como un perro hasta su casa.
porque no hay en esta vida, cariño, efectos especiales ni presupuesto para comprarle al amor un escenario el tiempo no se detendrá, no lo hará por nosotros que apenas tenemos garantizada la supervivencia de esas cosas tan pequeñas que caben entre las manos: el sol, nuestras mejillas, temblando aquella noche... no, las huellas de nuestro sudor -jugábamos, te acuerdas, a adivinar de quién era cada gota y concluíamos entre risas que todas eran nuestras- se terminarán secando, da igual cuánto tiempo hagamos el amor, ningún grito detendrá mi nombre para siempre entre tus labios, ningún abrazo detendrá en una sola nuestras pieles, estamos condenados a dibujar nuestras iniciales en todas las puertas, nuestros secretos en todos los escondites, nuestras despedidas en todas las esquinas y nuestras sonrisas en todas nuestras bocas, una con otra, a agotar cada segundo, todos los días, intentándolo porque nuestros corazones juntos no dejan de partirse nunca
de risa, porque la mejor no tiene por qué ser la última y eso no hay reloj que lo detenga
"fetiche. m. Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos."
desde niño he buscado la complicidad con los cristales rotos, las ventanas abiertas, los acantilados con el mar de fondo... hablo de esa intimidad, tan propicia para masturbarse y soñar con los besos de la del pupitre de al lado que dan los azulejos blancos de los baños del colegio
del poco tiempo que pasa hasta ese otro aseo en que una mujer de más de treinta años te susurra detalladamente que primero vas a comerle el coño
comprobar que no eres un suicida requiere romper muchas medias y puede costar una adolescencia
precisamente es la certeza de que mi vida vale menos la parte de envejecer que más me gusta, las formas se perdieron entre la carne, la necesidad de toboganes nunca ha muerto, las cicatrices se volvieron amuletos, el dolor no era para tanto y cuando creía que lo había visto todo el corazón se me perfila entre sus labios amenazando con ser más que una metáfora
un dibujo que hacía con plastidecor cuando mis manos no conocían el tacto húmedo de la licra
y esto no se cura con cerveza... me siento como una locomotora sin vagones haciendo traca traca hacia el oeste, escapando por los pelos del invierno
empiezo a tejer otra columna de humo tan ancha que puede que albergue un corazón de gigante o un gigante sin corazón o los sueños de un gigante que no deja de buscarlo
juré no volver a fumar también juré no volver a enamorarme y aquí estoy con cara de memo mirando los corazones que escapan de la ceniza
es posible que mi novela se haya ido disolviendo en capítulos uno hasta volverse un millón de relatos cortos e inconexos de tan variada temática como follar o limpiar la vajilla pero es que se me ha arrugado la vida en clinex sucios de mocos que he lavado con lágrimas que eran las mías
y ahora puedo limpiar cualquier cosa con los ojos
un exceso de preocupación por la originalidad y un estilo que se debate entre el descuido absoluto y el abandono forzado "ese idiota se echó a perder y ahora se va de poeta" me han señalado con el dedo, tanto, tanto... pero me sigo dando la vuelta como salí de mi madre gritando cual energúmeno
¡poesía!
aunque de aquella no conociese una palabra tan precisa
ahora sí, ahora que no tengo ni idea porque tampoco la quiero de cuánta herida puedo guardar bajo costillas intactas sé que tengo algo muy grande que apenas ocupa espacio un corazón electrónico recubierto de hojalata mucho mejor que el vuestro de carne porque a veces vibra y esto es lo que pone... llamada entrante: alejandra
el resto poco me importa, el que me quiere que me quiera y si un día no queda nadie dispuesto a tenderme la mano ahí estaré yo, más desnudo que nunca, pero queriéndome como siempre me he querido: con un odio que no entiende de dulzura, de besos, de engaños... y del que sólo se salva alguien y este lunes cumple años lidia o el poema más mujer de todo el mundo
mientras sigo vomitando corazones de humo gigantes tan diferentes al mío voy camino de la cama escucho una voz -privilegios de estar loco- surgida desde el armario "has nombrado a las dos únicas personas que pueden hacerte daño" me acuesto y aprieto los ojos con mil toneladas de miedo porque "es jodido" pienso "es jodido que un monstruo haya podido llegar a conocerme tanto".